La votación ONU Cuba dejó este miércoles un resultado muy diferente al que La Habana estaba acostumbrada a exhibir cada año como una victoria diplomática.
La Asamblea General aprobó nuevamente la resolución que pide poner fin al embargo estadounidense. Sin embargo, solo 130 países votaron a favor. Otros 17 se pronunciaron en contra y 25 se abstuvieron.
El resultado representa una pérdida de 35 votos favorables en apenas un año. En 2025, Cuba había conseguido 165 apoyos, siete votos en contra y 12 abstenciones.
El respaldo cae con fuerza en apenas dos años
La diferencia resulta todavía mayor cuando se compara con 2024.
Ese año, la resolución consiguió 187 votos favorables. Estados Unidos e Israel fueron los únicos dos países que votaron en contra. Solo Moldavia se abstuvo.
Dos años después, el respaldo favorable cayó hasta 130 países. Eso significa una pérdida de 57 votos respecto a 2024.
Los votos negativos también crecieron de forma considerable. Pasaron de dos en 2024 a siete en 2025 y ahora alcanzaron 17.
El dato no significa que Estados Unidos haya logrado una mayoría internacional a favor del embargo. La resolución todavía recibió un respaldo amplio.
Sin embargo, la tendencia muestra un cambio importante dentro de una votación que durante años parecía prácticamente automática para el Gobierno cubano.

Varios países cambiaron directamente su voto
El movimiento más significativo ocurrió entre gobiernos que anteriormente respaldaban la resolución o preferían abstenerse.
Colombia, Eslovenia, Trinidad y Tobago y Emiratos Árabes Unidos pasaron del voto favorable en 2025 al voto en contra este año.
Bosnia-Herzegovina, Costa Rica, Chequia, Ecuador, Lituania y Marruecos habían optado anteriormente por la abstención. Esta vez votaron directamente contra la resolución.
Esos países se sumaron a Estados Unidos, Israel, Argentina, Hungría, Macedonia del Norte, Paraguay y Ucrania, que ya habían votado en contra durante 2025.
También aumentó de forma considerable el grupo de abstenciones.
Alemania, Chile, Honduras, Jamaica y otros gobiernos decidieron no respaldar esta vez el documento presentado por Cuba.
El cambio alemán tiene especial relevancia porque Berlín había mantenido durante años una posición favorable a la resolución.
La campaña diplomática de Washington tuvo resultados
Estados Unidos había trabajado durante semanas para reducir el respaldo internacional al documento cubano.
El embajador estadounidense ante Naciones Unidas, Mike Waltz, defendió públicamente que los países debían mirar también la situación política interna de Cuba antes de respaldar la resolución.
Washington presentó además el voto como una oportunidad para cuestionar el uso que hace La Habana del embargo dentro de su discurso político.
La votación ONU Cuba muestra que esa estrategia consiguió modificar posiciones, aunque Washington continúa lejos de reunir una mayoría contra el documento.
El resultado ofrece, por tanto, dos lecturas distintas.
La Habana todavía conserva suficientes votos para aprobar cómodamente su resolución. Washington, al mismo tiempo, logró aumentar de manera considerable el número de gobiernos que rechazaron el texto, se abstuvieron o no participaron.
El choque diplomático llegó hasta el salón de la ONU
La votación ocurrió un día después de una sesión especialmente tensa entre las delegaciones de Cuba y Estados Unidos.
Durante la intervención de Waltz, el canciller cubano Bruno Rodríguez abandonó su asiento y avanzó hacia la zona del podio mientras reclamaba intervenir.
El presidente de la sesión tuvo que pedirle que regresara a su lugar mientras representantes de ambas delegaciones intercambiaban acusaciones.
Waltz utilizó su intervención para cuestionar a la élite política cubana y señalar la falta de libertades dentro de la Isla.
La delegación cubana respondió acusando a Washington de utilizar sanciones económicas para presionar al país.
Ese enfrentamiento convirtió la discusión anual sobre el embargo en uno de los debates más tensos de los últimos años entre ambos gobiernos dentro de Naciones Unidas.
Cuba celebra mientras los números muestran un retroceso
Después de conocerse el resultado, la Cancillería cubana volvió a presentar la aprobación de la resolución como una victoria.
Esa lectura se apoya en un hecho evidente: 130 países todavía respaldaron el llamado para eliminar el embargo.
Pero el Gobierno cubano también enfrenta un dato difícil de ignorar.
Nunca había recibido tan pocos votos favorables desde que comenzó a presentar esta iniciativa en Naciones Unidas.
La comparación con 2024 resulta especialmente significativa. En apenas dos años desaparecieron 57 votos favorables.
Además, el número de gobiernos que votaron directamente en contra creció más de ocho veces durante ese mismo período.
La votación ONU Cuba no elimina el respaldo internacional mayoritario contra las sanciones estadounidenses. Sí demuestra que ese respaldo ya no tiene la solidez casi unánime que La Habana consiguió durante años.
La resolución no cambia el embargo
La votación de Naciones Unidas tiene principalmente un valor político y diplomático.
La resolución no obliga legalmente a Estados Unidos a eliminar las sanciones.
El núcleo del embargo está establecido en leyes estadounidenses y su eliminación completa depende del Congreso de Estados Unidos.
Por eso, incluso cuando Cuba consiguió 191 votos favorables y ningún voto en contra en 2016, el embargo permaneció vigente.
El resultado de 2026 tampoco modifica directamente esa realidad.
Lo que sí cambia es la fotografía política dentro de Naciones Unidas.
La Habana volvió a ganar la votación, pero lo hizo con 35 aliados menos que hace un año y con un número creciente de gobiernos dispuestos a marcar distancia de su resolución.