El apagón en Cantel ya supera los cien días y mantiene a esta comunidad de Cárdenas, Matanzas, sin un servicio eléctrico estable. La falta de corriente también paralizó el bombeo de agua y obligó a muchas familias a depender de pozos, lluvia y ayuda de otros poblados.
La denuncia volvió a circular este miércoles con testimonios de residentes que describen una situación extrema. Los cables eléctricos aparecen cubiertos por enredaderas, una imagen que resume el tiempo que lleva la comunidad esperando una solución definitiva.
Los vecinos aseguran que el corte total comenzó en julio. Desde entonces, la vida cotidiana cambió por completo. Cocinar, conservar alimentos, cargar un teléfono o simplemente dormir con un ventilador se convirtió en un problema diario.
Más de tres meses esperando una solución
Cantel ya había sufrido interrupciones prolongadas durante mayo. El servicio regresó entonces, pero los residentes aseguran que funcionó de manera irregular durante varias semanas.
Después llegó el nuevo corte. Esta vez, la oscuridad se prolongó durante más de cien días.
La situación resulta especialmente grave porque no se trata de un apagón de varias horas ni de los cortes programados que afectan a gran parte del país. Las familias hablan de una interrupción continua, sin una fecha clara para recuperar el servicio.
Un medio local anunció hace aproximadamente una semana que el problema sería resuelto “próximamente”. Sin embargo, no informó un día concreto ni explicó cuándo llegaría el equipo necesario.
Para una familia que lleva meses sin electricidad, la palabra “próximamente” ofrece poco alivio. Cada jornada adicional significa más alimentos perdidos, más calor y más dificultades para realizar tareas básicas.
Sin corriente también desaparece el agua
La crisis eléctrica arrastró otro problema esencial. Sin energía, las bombas que abastecen a la comunidad tampoco pueden trabajar normalmente.
Por eso, el apagón en Cantel también se convirtió en una crisis de agua.
Según testimonios divulgados desde la localidad, algunas familias recogen agua de lluvia. Otras piden ayuda a vecinos o caminan hasta un pozo comunitario para llenar recipientes.
La situación golpea especialmente a los adultos mayores. Residentes aseguran haber visto a personas de 65, 75 y hasta 85 años cargando agua desde el pozo.
Los vecinos también denuncian que el municipio no ha garantizado un suministro regular mediante camiones cisterna. Esa ausencia obliga a cada familia a resolver por sus propios medios una necesidad básica.
La falta de electricidad y agua crea un círculo difícil de romper. Sin corriente no funcionan las bombas. Sin agua, las condiciones sanitarias empeoran. Y sin una respuesta rápida, cada día aumenta el deterioro dentro de las viviendas.
Refrigeradores dañados y teléfonos cargados fuera del pueblo
Los refrigeradores dejaron de ser útiles hace meses. Algunos residentes aseguran que han terminado llenos de humedad y moho.
Muchas familias mantienen las puertas abiertas para evitar que el interior continúe deteriorándose. Conservar carne, leche u otros alimentos perecederos resulta prácticamente imposible.
También existe otro problema: cargar teléfonos y lámparas.
Algunos vecinos dependen de comunidades cercanas para conseguir electricidad durante unas horas. Deben trasladar sus equipos, esperar y regresar nuevamente a Cantel.
La falta de cobertura móvil agrava el aislamiento. Ante una emergencia médica o cualquier otra situación urgente, comunicarse puede convertirse en otra dificultad.
No se trata solo de comodidad. La electricidad sostiene servicios esenciales que afectan directamente la alimentación, el agua, la comunicación y la seguridad de una comunidad.

Cantel refleja una crisis que ya golpea a toda Matanzas
El problema de Cantel no ocurre de manera aislada.
Cárdenas ha enfrentado durante meses averías, transformadores fuera de servicio y dificultades relacionadas con el suministro eléctrico. Matanzas también arrastra una fuerte crisis de agua vinculada, en parte, a la dependencia de los sistemas de bombeo de la red eléctrica.
Las propias autoridades cubanas han reconocido que algunas comunidades del país han permanecido más de cien días sin electricidad debido a transformadores especiales averiados y difíciles de sustituir.
Ese reconocimiento demuestra la dimensión del deterioro. Una comunidad puede quedar desconectada durante meses mientras espera una pieza o un equipo que el sistema no logra reemplazar con rapidez.
El problema también expone una falla de gestión. Incluso cuando una avería técnica requiere tiempo, las instituciones siguen teniendo la responsabilidad de ofrecer información clara, alternativas de agua y asistencia a las familias afectadas.
Más de cien días no pueden convertirse en algo normal
El apagón en Cantel muestra hasta dónde puede llegar el deterioro de los servicios básicos en Cuba.
Más de cien días sin electricidad no deberían tratarse como una simple avería. Tampoco resulta razonable que una comunidad tenga que depender de lluvia, pozos y pueblos vecinos para conseguir agua y cargar un teléfono.
Mientras las autoridades hablan de soluciones futuras, las familias viven el problema cada día.
Los cables cubiertos de vegetación se han convertido en una imagen simbólica de esa espera. No muestran solamente una red eléctrica sin funcionar. También reflejan cuánto tiempo puede pasar una comunidad sin recibir una respuesta efectiva.
Cantel necesita electricidad, agua y una fecha concreta. Después de más de tres meses, otra promesa indefinida ya no resuelve nada.