Ministro admite el colapso del transporte cubano, de 419 viajes diarios a solo 11

El transporte en Cuba atraviesa uno de sus peores momentos. Esta vez, las cifras no proceden de opositores ni de medios independientes. Las reconoció el propio ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila.

Durante una entrevista con Reuters, el funcionario admitió que el transporte público tradicional se encuentra en niveles históricamente bajos. Los números muestran una caída que afecta prácticamente todas las formas de movilidad dentro de la Isla.

De 419 viajes diarios desde La Habana a solo 11

Uno de los datos más impactantes corresponde a los viajes interprovinciales en ómnibus desde La Habana. En 2025 se realizaban 419 salidas diarias. Durante 2026, la cifra cayó a solo 11.

Eso representa una reducción aproximada del 97 %. En términos prácticos, casi desapareció una parte fundamental del transporte que conecta la capital con el resto del país.

La situación tampoco se limita a La Habana. Las rutas de ómnibus en toda Cuba bajaron de más de 100 a solamente 21, según explicó Rodríguez Dávila.

El transporte interurbano caerá un 90 %

El panorama resulta todavía más grave cuando se analiza el transporte interurbano. El ministro calcula que ese servicio caerá alrededor de un 90 % durante 2026.

Miles de trabajadores dependen de esas rutas para desplazarse diariamente. También las utilizan estudiantes, pacientes, familiares y personas que necesitan viajar entre municipios.

El Gobierno estima además que el número total de viajes de pasajeros en transporte público caerá un 75 % respecto al año anterior. La crisis dejó de representar únicamente un problema de comodidad. Ahora afecta directamente la posibilidad de moverse dentro del país.

El ministro reconoce el impacto sobre las familias

Rodríguez Dávila reconoció que detrás de estas cifras existen consecuencias humanas. Hay personas que no pueden visitar familiares enfermos. Otras tienen dificultades para llegar a hospitales o centros de trabajo.

El deterioro del transporte en Cuba también obliga a muchas personas a buscar soluciones cada vez más costosas. Algunos recurren a la botella, los carros compartidos o transportistas privados.

Sin embargo, esas alternativas no están al alcance de todos. Los precios privados pueden resultar prohibitivos para quienes reciben salarios o pensiones en pesos cubanos.

La crisis también paraliza el movimiento de mercancías

La caída no afecta solamente a los pasajeros. El transporte nacional de carga también sufrirá una reducción enorme.

Cuba movió alrededor de 70 millones de toneladas de mercancías durante 2025. Para este año, el Gobierno espera transportar aproximadamente 20 millones.

La reducción supera el 70 %. Ese desplome puede tener efectos directos sobre la distribución de alimentos, medicamentos, materias primas y otros productos esenciales.

Mover menos mercancías significa mayores dificultades para abastecer provincias y municipios. También añade presión sobre una economía que ya enfrenta escasez, inflación y graves problemas productivos.

El Gobierno vuelve a señalar la falta de combustible

Las autoridades cubanas atribuyen buena parte de la crisis actual a las restricciones estadounidenses sobre el suministro de combustible.

La presión de Washington durante 2026 agravó considerablemente el acceso de Cuba al petróleo. Sin combustible suficiente, mantener funcionando ómnibus, camiones y otros vehículos resulta mucho más difícil.

Pero responsabilizar exclusivamente a las sanciones no explica todo el deterioro acumulado.

El sistema ya mostraba graves problemas antes del agravamiento de la crisis energética. Ómnibus Nacionales terminó 2024 realizando apenas una fracción de los viajes que ejecutaba en 2019.

A finales de 2025, una gran parte de su flota también permanecía fuera de servicio.

Décadas de deterioro no desaparecen con una explicación política

El problema incluye vehículos envejecidos, falta de piezas, dificultades financieras y años de inversión insuficiente. A eso se suma ahora una escasez extrema de combustible.

La combinación resulta devastadora.

El Gobierno puede señalar las sanciones estadounidenses como un factor importante. Sin embargo, las cifras también muestran hasta qué punto el país llegó vulnerable a esta nueva etapa.

Un sistema de transporte nacional no pasa de cientos de viajes diarios a una cantidad mínima solamente por un problema ocurrido durante unos meses. La situación actual también refleja problemas estructurales acumulados durante años.

La apuesta por vehículos eléctricos choca con los apagones

La Habana intenta presentar la electrificación como una de las alternativas. Rodríguez Dávila aseguró que Cuba cuenta actualmente con unos 150.000 vehículos eléctricos.

La cifra incluye automóviles, motocicletas y triciclos. Representaría aproximadamente el 15 % del parque vehicular del país y duplicaría el número registrado en 2025.

También creció la proporción de vehículos eléctricos dentro de las importaciones. En agosto, alrededor del 40 % de los vehículos importados utilizaban electricidad.

Pero aparece otra contradicción evidente. Cuba intenta electrificar el transporte mientras enfrenta apagones prolongados y un sistema eléctrico extremadamente deteriorado.

Durante un recorrido organizado por las propias autoridades, decenas de triciclos eléctricos estatales permanecían detenidos porque no había electricidad para cargarlos.

Cambiar gasolina por electricidad no resuelve el problema de fondo

Los vehículos eléctricos pueden reducir el consumo de gasolina y diésel. Sin embargo, necesitan una red eléctrica capaz de suministrar energía con estabilidad.

Cuando faltan ambas cosas, combustible y electricidad, cambiar la tecnología del vehículo no garantiza movilidad.

El transporte en Cuba llegó así a una situación extrema. El propio Gobierno admite que los pasajeros disminuyen, las rutas desaparecen y el movimiento de mercancías se desploma.

Pasar de 419 viajes interprovinciales diarios desde La Habana a solamente 11 resume la magnitud del problema.

Las sanciones estadounidenses han profundizado la presión energética. Pero décadas de deterioro, falta de inversión y mala gestión también dejaron al sistema sin capacidad para resistir una crisis de esta magnitud.

Para millones de cubanos, la consecuencia no aparece en una estadística. Se vive cada mañana en una parada, esperando un transporte que muchas veces nunca llega.

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