La crisis del agua continúa golpeando a comunidades cubanas que llevan meses esperando que el servicio regrese a sus viviendas. Vecinos de Pinar del Río y Santiago de Cuba denuncian períodos de hasta cuatro meses sin recibir agua por las redes de acueducto.
La situación obliga a muchas familias a buscar alternativas cada vez más costosas. Algunos recogen agua de lluvia. Otros caminan hasta pozos artesanales o dependen de vendedores privados para cubrir una necesidad básica.
Los testimonios más recientes proceden de San Juan y Martínez, en Pinar del Río, y Songo-La Maya, en Santiago de Cuba. En ambos territorios, los residentes describen una situación que dejó de ser una interrupción temporal.
Más de cuatro meses sin agua en San Juan y Martínez
En la zona conocida como La Estrella, perteneciente a San Juan y Martínez, residentes aseguran que llevan más de cuatro meses sin agua en sus viviendas.
Michel Valladares, uno de los vecinos entrevistados, explicó que algunas familias han tenido que recoger agua de lluvia. Después la hierven para poder utilizarla para beber o preparar alimentos.
Comprar agua tampoco representa una alternativa viable para todos. Una pipa privada puede costar entre 15,000 y 20,000 pesos cubanos.
Los tanques de aproximadamente 200 litros también se comercializan a precios que oscilan entre 1,000 y 1,200 pesos. Para muchas familias, mantener ese gasto durante semanas resulta prácticamente imposible.
Valladares también denunció presuntas irregularidades en el funcionamiento del acueducto y posibles conexiones ilegales en la red principal. Según su versión, estas conexiones estarían afectando la presión del agua.
Esas acusaciones necesitan una verificación independiente. Sin embargo, reflejan la desesperación de una comunidad que continúa esperando una solución estable.
Songo-La Maya enfrenta una situación similar
En el oriente cubano, la situación tampoco muestra señales de mejoría.
La periodista independiente Yadira Serrano informó que habitantes del centro de Songo-La Maya llevan entre tres y cuatro meses sin recibir agua regularmente.
Existen comunidades donde los problemas serían todavía más prolongados. Algunos residentes aseguran que las dificultades con el abastecimiento se acercan a un año.
Ante la falta del servicio estatal, muchas personas acuden a pozos artesanales. Otras deben comprar tanques de agua a vendedores independientes.
El precio puede oscilar entre 1,000 y 1,500 pesos por tanque. Una pipa completa puede alcanzar nuevamente los 15,000 pesos.
La crisis del agua termina así golpeando con mayor fuerza a quienes tienen menos ingresos. El acceso a un recurso indispensable depende cada vez más de la capacidad económica de cada familia.

Los problemas también aparecen en otras provincias
Las denuncias no se limitan a Pinar del Río y Santiago de Cuba.
Desde Media Luna, en Granma, también se han reportado sectores con varios días consecutivos sin suministro. Algunas de esas zonas anteriormente recibían agua con mayor regularidad.
El deterioro acumulado de las redes hidráulicas, las averías de los equipos y los prolongados apagones forman una combinación cada vez más difícil de superar.
En Pinar del Río, las fallas de varios equipos de bombeo ya habían dejado comunidades durante semanas y hasta meses sin recibir agua.
En Santiago de Cuba, localidades como Palma Soriano también arrastran problemas graves. La Chiringa Cubana informó en septiembre sobre vecinos que llevaban más de seis meses dependiendo de una pipa.
Songo-La Maya tampoco enfrenta un problema nuevo. Las dificultades con los equipos de bombeo y los largos ciclos de distribución han sido denunciados desde meses anteriores.
Los apagones también paralizan el suministro
Una parte importante del sistema hidráulico cubano depende directamente de la electricidad.
El Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos ha reconocido que más del 85% de las estaciones de bombeo utilizan el Sistema Eléctrico Nacional para funcionar.
Cuando llegan los apagones, las bombas dejan de trabajar. Después, incluso cuando regresa la electricidad, el sistema necesita tiempo para recuperar presión y volver a distribuir el agua.
Las estaciones pueden necesitar entre 10 y 12 horas continuas de electricidad para estabilizar determinadas redes. Esa continuidad resulta muy difícil en lugares sometidos a extensos cortes eléctricos.
El problema crea un efecto en cadena. Una avería eléctrica puede dejar simultáneamente a una comunidad sin corriente y sin agua.
Millones de cubanos sufren afectaciones
La magnitud del problema ya supera ampliamente estas denuncias locales.
Datos divulgados por instituciones estatales sitúan en alrededor de 2.5 millones la cantidad de personas afectadas por problemas en el servicio de agua potable.
Esa cifra representa aproximadamente un tercio de los clientes conectados a las redes públicas.
Estimaciones internacionales citadas durante 2026 han colocado el número potencial de afectados incluso por encima de los tres millones de personas.
Estas cifras muestran que la crisis del agua no puede explicarse únicamente por una tubería rota o una avería aislada.
Cuba enfrenta redes deterioradas, bombas fuera de servicio, falta de mantenimiento, dependencia eléctrica y una capacidad de respuesta insuficiente frente a problemas que se prolongan durante meses.
Una pipa no sustituye un servicio estable
Enviar ocasionalmente un camión cisterna puede aliviar una emergencia durante algunas horas. No resuelve el problema de una comunidad que lleva tres, cuatro o seis meses esperando agua.
Cada día sin servicio obliga a las familias a cargar recipientes, almacenar lo que puedan y destinar dinero que necesitan para alimentos, medicamentos y otras necesidades.
También aumenta los riesgos sanitarios cuando las personas recurren a fuentes de agua cuya calidad resulta difícil de garantizar.
El problema central sigue siendo la ausencia de un suministro estable y predecible.
Cuando conseguir agua depende de una pipa de 20,000 pesos, de recoger lluvia o de caminar hasta un pozo, ya no se habla de una simple interrupción del servicio.
Se habla de millones de personas intentando resolver por sus propios medios una necesidad básica que las instituciones responsables todavía no logran garantizar de forma regular.