Díaz-Canel visita una chocolatería privada mientras siguen las trabas en Cuba

Miguel Díaz-Canel visitó este jueves “La Chocolatera”, un emprendimiento familiar de La Habana, en momentos en que el Gobierno intenta ampliar el espacio del sector privado en Cuba. El recorrido llega mientras las autoridades presentan a los negocios no estatales como parte de las reformas económicas en marcha.

La escena, sin embargo, dejó algo más que imágenes de bombones y productos nacionales. El propio dueño planteó necesidades relacionadas con espacio, nuevas tiendas y asuntos bancarios todavía pendientes.

Un negocio familiar que logró crecer dentro de la crisis

“La Chocolatera” funciona en el barrio de San Agustín y lleva alrededor de siete años de actividad. Su taller ocupa poco más de 60 metros cuadrados dentro de la vivienda de Carlos Luis Menéndez Jorge, maestro chocolatero que dirige el proyecto junto a su familia.

Según la información divulgada tras el recorrido, el negocio produce unas 40 variedades. Sus responsables aseguran que emplean insumos nacionales, incluidos los envases, y que comercializan sus productos en moneda nacional en puntos de La Habana y Matanzas.

El emprendimiento abrió en 2019, apenas unos meses antes de la pandemia. Su trayectoria ya había sido reconocida antes de esta visita presidencial por su trabajo en bombonería fina artesanal.

Díaz-Canel escucha pedidos que muestran problemas pendientes

Durante el recorrido, Menéndez Jorge explicó que necesita más espacio para ampliar la producción. También habló de abrir nuevas tiendas y de resolver dificultades vinculadas con cuentas bancarias.

Entre sus planes figura un punto de venta en el aeropuerto de La Habana para captar divisas. La familia desarrolla además una finca en El Chico, donde cultiva 14 variedades de cacao para una futura línea de chocolate de origen propio.

Los planteamientos resultan relevantes porque muestran una realidad menos cómoda que la imagen oficial. Un negocio con producción, experiencia y planes de crecimiento todavía necesita solucionar obstáculos administrativos y financieros para avanzar.

El Gobierno busca acercarse a los negocios privados

La visita no ocurre de forma aislada. En agosto, el Gobierno cubano aprobó nuevas normas para ampliar el espacio de las empresas privadas dentro de la economía. Las medidas forman parte de un paquete de 176 reformas económicas y sociales.

Días después, Díaz-Canel se reunió con empresarios privados y defendió una mayor participación de estos actores en la producción de bienes y servicios. El Gobierno presenta ese proceso como una transformación económica que mantiene intacta la orientación socialista del sistema.

El cambio de tono es evidente. Las autoridades necesitan más producción, más servicios y nuevas fuentes de ingresos. Por eso, el sector privado en Cuba ocupa ahora un lugar mucho más visible dentro del discurso económico oficial.

La visita también expone una contradicción

El problema aparece cuando se compara ese discurso con las dificultades que los propios emprendedores siguen colocando sobre la mesa. En este caso, el dueño habló directamente de espacio, tiendas y cuentas bancarias.

No se trata de problemas abstractos. Son asuntos básicos para cualquier empresa que quiera aumentar producción, vender más y planificar inversiones. Que lleguen hasta una visita presidencial muestra cuánto depende todavía la actividad económica de decisiones administrativas.

La lectura crítica no consiste en cuestionar que Díaz-Canel visite un negocio privado. La pregunta es si esas visitas se traducirán en reglas más estables y soluciones accesibles para miles de emprendedores, incluidos quienes nunca recibirán una comitiva oficial.

Un escaparate atractivo en medio de una economía bajo presión

El recorrido por “La Chocolatera” ofrece una imagen favorable para la comunicación gubernamental. Presenta productos cubanos, una familia emprendedora y planes de expansión en medio de una economía que busca nuevas vías para generar ingresos.

Pero una política económica no puede medirse por una visita. Debe evaluarse por las condiciones generales para abrir, operar, financiar y ampliar empresas sin depender de gestiones excepcionales.

El Gobierno ha anunciado cambios que, sobre el papel, amplían determinadas posibilidades para los privados. Al mismo tiempo, análisis jurídicos sobre las reformas recientes señalan que el Estado conserva amplios márgenes de control y decisión sobre la actividad económica.

Esa tensión define buena parte del debate actual. El Gobierno quiere más iniciativa privada, pero también mantiene la conducción política y regulatoria del proceso.

El verdadero examen llegará después de las cámaras

“La Chocolatera” demuestra que existen proyectos capaces de desarrollar productos, crear una marca y buscar crecimiento incluso bajo condiciones complejas. Su historia comenzó años antes de esta visita y no depende de la aparición de Díaz-Canel frente a las cámaras.

Para el sector privado en Cuba, el asunto decisivo será comprobar si la nueva etapa reduce de manera real las barreras que las propias autoridades han reconocido y que los empresarios continúan señalando.

Una visita presidencial puede producir titulares. Lo que determinará el resultado será si un emprendedor puede resolver problemas bancarios, ampliar su local, invertir y crecer mediante reglas claras, sin necesitar una conversación directa con la máxima dirección del país.

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