Bruno Rodríguez volvió a denunciar este sábado la pobreza global, pero dejó fuera de su mensaje la pobreza en Cuba. El canciller cubano aprovechó el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza para reclamar cambios en el orden internacional.
Rodríguez citó datos de Naciones Unidas y cuestionó el aumento del gasto militar mundial. También habló de la concentración de riqueza entre los mayores multimillonarios del planeta. Sin embargo, no mencionó las condiciones económicas que enfrentan millones de cubanos.
El contraste resulta difícil de ignorar. La Isla atraviesa una crisis marcada por bajos ingresos, inflación, apagones, escasez de alimentos y servicios públicos deteriorados.
Bruno Rodríguez mira al mundo mientras Cuba enfrenta una crisis profunda
En su publicación, Rodríguez citó el Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2026. Naciones Unidas estima que unos 826 millones de personas viven actualmente en pobreza extrema.
La ONU sitúa esa cifra cerca del 10% de la población mundial. El organismo utiliza ahora un umbral de tres dólares diarios, calculado con paridad de poder adquisitivo de 2021.
El canciller también señaló que el gasto militar mundial alcanzó 2,887 billones de dólares en 2025. Esa cifra corresponde a estimaciones del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz.
Además, Rodríguez se refirió a la enorme concentración de riqueza entre los mayores multimillonarios. Oxfam estimó que las 12 personas más ricas poseen más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad.
Su argumento internacional puede apoyarse en datos reales. El problema aparece en lo que decidió omitir de su mensaje.
La pobreza en Cuba también tiene cifras difíciles de esconder
El IX Estudio sobre Derechos Sociales en Cuba presentó en agosto un panorama especialmente grave. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos situó la pobreza extrema en el 94% de la población.
El informe se basó en 1.318 entrevistas realizadas en las provincias cubanas y en el municipio especial Isla de la Juventud. El trabajo de campo se desarrolló entre junio y julio.
Según el estudio, el 68% de los hogares declaró ingresos mensuales inferiores a 20.000 pesos cubanos. Además, el 63% dijo tener dificultades para adquirir incluso los bienes más esenciales.
Ocho de cada diez encuestados afirmaron que habían dejado de hacer alguna comida por falta de dinero o alimentos. Los apagones aparecieron como el principal problema señalado por los participantes.
Estas cifras proceden de una organización independiente y no de estadísticas oficiales del Gobierno cubano. Ese detalle debe quedar claro al analizar sus resultados.
También existe una diferencia metodológica importante. El estudio cubano utilizó una referencia de 1,90 dólares diarios, mientras Naciones Unidas usa actualmente un umbral internacional de tres dólares.
Por eso, ambas cifras no deben compararse como si midieran exactamente lo mismo. Aun así, el estudio independiente describe una situación de fuerte deterioro económico dentro de Cuba.
La economía cubana sigue perdiendo terreno
El deterioro no se limita a encuestas sobre ingresos y consumo. Las perspectivas económicas de Cuba también se han agravado durante 2026.
La CEPAL revisó sus cálculos durante el año y situó la contracción prevista del PIB cubano en 10,3%. Esa sería la peor caída proyectada entre las economías de América Latina y el Caribe.
La cifra refleja una economía incapaz de recuperar estabilidad después de varios años de retroceso. La falta de combustible y los problemas eléctricos han golpeado la producción nacional.
También pesan la baja inversión, la caída de ingresos externos y las dificultades para mantener una oferta estable de bienes. Todo eso termina afectando directamente a las familias.
Mientras tanto, los salarios y pensiones pierden capacidad de compra frente a precios que siguen fuera del alcance de muchos hogares. Conseguir alimentos básicos exige cada vez más dinero.
El Gobierno cubano responsabiliza principalmente a las sanciones estadounidenses por el deterioro. Esas medidas sí imponen restricciones financieras, comerciales y energéticas que afectan a la economía.
Pero esa explicación no elimina la responsabilidad de las decisiones internas. La baja productividad, el control estatal y décadas de distorsiones económicas también forman parte del problema.
Un discurso internacional que evita mirar hacia dentro
Rodríguez reclama un orden internacional “justo, equitativo y democrático” para enfrentar la pobreza mundial. Sin embargo, su publicación no incluyó una reflexión similar sobre la situación cubana.
Ese silencio llama la atención porque el canciller representa a un Gobierno que controla las principales decisiones económicas del país. También defiende públicamente el modelo político que dirige la Isla.
La contradicción no está en denunciar la pobreza mundial. Ese problema merece atención y exige políticas capaces de reducir la desigualdad.
La contradicción aparece cuando un alto funcionario denuncia la miseria externa, pero evita mencionar la que golpea a su propio país.
El régimen utiliza con frecuencia los foros internacionales para presentar la crisis cubana como consecuencia casi exclusiva de Washington. Esa narrativa deja poco espacio para examinar errores internos.
Los datos disponibles muestran una realidad más compleja. Las sanciones pesan, pero Cuba también enfrenta problemas estructurales creados y mantenidos por su propio sistema económico.
Hablar de pobreza en Cuba exige mirar salarios, alimentos, electricidad, vivienda y servicios públicos. También exige reconocer las decisiones políticas que han contribuido al deterioro.
Rodríguez prefirió hablar del mundo. Para millones de cubanos, el problema sigue mucho más cerca: está en la mesa, en el bolsillo y en la vida diaria.