Díaz-Canel responde a Donald Trump tras el discurso del presidente de Estados Unidos ante la ONU, donde dedicó varias frases a la situación cubana. Trump describió a Cuba como un “Estado absolutamente fallido” y afirmó que el sistema comunista de la isla terminará cayendo.
La reacción del gobernante cubano llegó pocas horas después. En redes sociales, acusó a Washington de castigar al pueblo cubano y presentó las palabras de Trump como otra ofensiva contra la soberanía nacional.
El choque volvió a colocar a Cuba en el centro del debate internacional. También reabrió una discusión que va mucho más allá del enfrentamiento entre Washington y La Habana.
Trump endurece su mensaje sobre Cuba ante la ONU
Durante su intervención en la 81.ª Asamblea General de Naciones Unidas, Trump aseguró que su administración busca un cambio profundo en Cuba. También sostuvo que el Gobierno cubano enfrenta una presión sin precedentes.
El mandatario estadounidense dijo que la isla atraviesa un fracaso político y económico. Además, afirmó que “la libertad llegará a Cuba”, una frase que convirtió el tema cubano en un momento destacado de su discurso.
La delegación cubana abandonó el salón durante esas declaraciones. El gesto mostró el nivel de confrontación entre ambos gobiernos en un momento de fuertes sanciones y tensiones diplomáticas.

Díaz-Canel centra su respuesta en las sanciones de Washington
Díaz-Canel responde con el argumento que el Gobierno cubano ha utilizado de forma constante durante este año. Señaló a las sanciones estadounidenses como un castigo contra la población y defendió el derecho de Cuba a decidir su futuro.
También acusó a Trump de utilizar afirmaciones falsas para justificar la presión económica. Su mensaje insistió en la soberanía y en la resistencia frente a las medidas de Washington.
Sin embargo, la publicación no mencionó los problemas internos que golpean a millones de cubanos. No abordó la inflación, los apagones, la caída de la economía ni el deterioro de numerosos servicios públicos.
La crisis cubana no puede explicarse con una sola causa
Las sanciones estadounidenses tienen efectos reales sobre la economía cubana. Han elevado los riesgos comerciales y financieros para empresas que mantienen vínculos con la isla.
Al mismo tiempo, los problemas económicos de Cuba también tienen causas internas. El país arrastra baja productividad, infraestructura deteriorada, escasez de divisas y profundas distorsiones monetarias.
La CEPAL estima una contracción del PIB cubano de 10,3 % para 2026. La Oficina Nacional de Estadística e Información también reportó una inflación interanual de 25,19 % en agosto.
Esos datos reflejan una crisis que afecta directamente el poder adquisitivo de las familias. Los alimentos y las bebidas no alcohólicas registraron un aumento interanual de 36,01 %.
El sistema eléctrico sigue mostrando el deterioro acumulado
La discusión política también ocurre mientras Cuba enfrenta una grave crisis energética. Los apagones prolongados han marcado buena parte de 2026 y han afectado hogares, hospitales, comercios y transporte.
El Sistema Electroenergético Nacional volvió a sufrir una desconexión total el 18 de septiembre. La recuperación llegó después de nuevas fallas en una red que opera con unidades envejecidas y frecuentes averías.
Ese contexto ayuda a explicar por qué el debate sobre Cuba no puede reducirse únicamente a las sanciones. Tampoco puede ignorarse el impacto de las restricciones estadounidenses sobre combustible, financiamiento y comercio.
Ambos factores forman parte de una crisis más amplia. Para los cubanos, el resultado cotidiano sigue siendo escasez, inflación, deterioro de servicios y largos períodos sin electricidad.
Washington aumenta la presión mientras La Habana mantiene su discurso
La administración Trump ha ampliado durante 2026 las medidas dirigidas contra entidades y funcionarios vinculados al aparato militar cubano. También ha utilizado nuevas herramientas económicas para presionar a La Habana.
El 17 de septiembre, Washington anunció nuevas sanciones contra ocho entidades y tres funcionarios relacionados con sectores militares y con la industria del níquel.
Díaz-Canel respondió entonces con otra defensa de la resistencia cubana. Apenas tres días después, volvió a colocar la responsabilidad principal de la crisis sobre la política estadounidense.
La respuesta mantiene una línea política conocida. El Gobierno cubano denuncia el embargo y las sanciones, mientras Washington atribuye la crisis al modelo político y económico de la isla.
Un choque político que vuelve a poner a Cuba bajo los reflectores
El enfrentamiento en Naciones Unidas no cambia por sí solo la situación dentro de Cuba. Sí demuestra que la isla ocupa nuevamente un lugar importante en la agenda estadounidense.
Trump presentó la presión sobre La Habana como parte de una estrategia regional más amplia. El Gobierno cubano respondió con su tradicional defensa de la soberanía y con nuevas acusaciones contra Washington.
Más allá de la confrontación verbal, los indicadores económicos muestran una realidad especialmente dura para la población. La inflación sigue elevada y el sistema eléctrico continúa bajo fuerte presión.
El punto central no está solo en lo que dicen Trump o Díaz-Canel. Está en cómo estas políticas, sanciones y decisiones internas terminan afectando la vida diaria de millones de cubanos.
Verificación editorial
El material original confirma que Díaz-Canel reaccionó el 22 de septiembre y centró su mensaje en las sanciones, la soberanía y sus acusaciones contra Washington. Reuters confirmó que Trump calificó a Cuba como un Estado fallido, habló de un cambio en la isla y que la delegación cubana abandonó el salón durante sus declaraciones.
Los datos económicos también fueron contrastados. La CEPAL publicó en septiembre su análisis macroeconómico sobre Cuba, mientras los datos oficiales de la ONEI situaron la inflación interanual de agosto en 25,19 %. El reporte disponible sobre esas cifras recoge además una proyección de contracción del PIB de 10,3 %.
Las sanciones del 17 de septiembre alcanzaron ocho entidades y tres funcionarios vinculados con empresas militares y el sector del níquel, según Reuters y EFE.