Los precios en Cuba siguen alejándose cada vez más de los ingresos de quienes dependen de un salario estatal. Una nueva denuncia desde Cienfuegos lo resume con una compra mínima: un pedazo de calabaza y tres boniatos costaron 1.300 pesos cubanos.
La imagen fue publicada por Ernesto Lima, residente de esa provincia, quien mostró los alimentos en sus manos y cuestionó hasta cuándo continuará una situación que describió como extremadamente difícil. La cantidad puede parecer pequeña, pero representa una parte enorme del ingreso mensual de muchos trabajadores.
Con un salario mínimo fijado en 3.210 CUP, gastar 1.300 pesos en esa compra equivale a más del 40% de todo el sueldo mensual. Después de pagarla quedarían apenas 1.910 pesos para enfrentar el resto de las necesidades del mes.
Una compra básica consume casi medio salario mínimo
El problema no está solamente en el precio de la calabaza o del boniato. La verdadera dimensión aparece cuando se compara la compra con lo que gana una persona.
Ese trabajador todavía tendría que pagar arroz, frijoles, aceite, huevos, pollo, productos de aseo, transporte, electricidad y medicamentos. En muchos hogares también existen niños, ancianos o personas que dependen de un solo ingreso.
La denuncia desde Cienfuegos se suma a otros testimonios recientes sobre alimentos básicos vendidos a precios difíciles de asumir. Cubanos han reportado pimientos a 1.000 pesos la libra, pollo a cientos de pesos por libra y cartones de huevos que superan incluso el salario mínimo mensual.

Los alimentos suben más rápido que los ingresos
Los precios en Cuba han convertido productos que antes formaban parte habitual de la mesa en compras que requieren cálculos constantes. Muchas familias ya no deciden qué quieren comer, sino qué pueden pagar ese día.
La situación golpea con especial fuerza a jubilados, trabajadores estatales y hogares sin acceso regular a remesas. Para ellos, cualquier aumento de precios puede obligar a eliminar alimentos, reducir porciones o depender de familiares.
El problema también se agrava por la pérdida de valor del peso cubano. Cuando el CUP se debilita frente al dólar y el euro, aumentan los costos de productos importados, insumos, transporte y mercancías que terminan llegando al consumidor.
El salario pierde poder mientras la comida se encarece
El salario mínimo cubano subió a 3.210 pesos en julio de 2026. Sin embargo, el incremento nominal no resolvió el problema del poder adquisitivo.
Una persona puede recibir más pesos que antes y, al mismo tiempo, comprar menos comida. Eso ocurre cuando los precios avanzan a una velocidad mayor que los ingresos.
La comparación de Cienfuegos lo deja claro. Una compra compuesta solamente por calabaza y boniatos puede consumir más de dos quintas partes del salario mínimo. No incluye proteína animal, cereales, grasa, leche, café ni ningún otro alimento.
Los llamados mercados de barrio tampoco solucionan el problema
Las autoridades han presentado los llamados mercados de barrio como una alternativa para acercar productos a la población y venderlos por debajo de otros precios del mercado.
Sin embargo, las críticas no han desaparecido. En diferentes provincias se han publicado precios de pollo, arroz, aceite y huevos que siguen fuera del alcance de una gran parte de los trabajadores.
El problema no se resuelve únicamente abriendo nuevos puntos de venta. Un mercado puede estar abastecido y situado cerca de una comunidad, pero si los salarios no permiten comprar sus productos, la dificultad continúa.
La crisis se mide en lo que cabe en una mano
La fotografía de un pedazo de calabaza y tres boniatos tiene fuerza precisamente por su sencillez. No muestra una compra extraordinaria. Tampoco contiene productos de lujo.
Son alimentos básicos. Aun así, cuestan 1.300 pesos.
Esa cifra ayuda a entender por qué tantas familias cubanas aseguran que comer se ha convertido en una lucha diaria. Los precios en Cuba ya no pueden analizarse solo como números aislados. Hay que compararlos con los salarios, las pensiones y la cantidad real de alimentos que una persona puede llevar a su casa.
Mientras la producción nacional siga siendo insuficiente, el peso pierda capacidad de compra y los ingresos queden rezagados, la presión sobre los hogares continuará.
Las autoridades pueden anunciar nuevas medidas, mercados o ajustes salariales. Sin embargo, la evaluación más directa ocurre en la mesa de cada familia.
Cuando más del 40% de un salario mínimo puede desaparecer en un pedazo de calabaza y tres boniatos, el problema económico deja de ser una estadística. Se convierte en una realidad diaria que millones de cubanos enfrentan cada vez que intentan comprar comida.