PCC llama “acto de heroísmo” al curso escolar mientras Cuba llega a septiembre a oscuras

El curso escolar cubano comenzará el 1 de septiembre bajo una realidad que choca de frente con la propaganda oficial. El Partido Comunista de Cuba calificó el regreso a las aulas como “otro acto de heroísmo y de firme determinación de no claudicar”.

La frase apareció este sábado en una publicación del PCC acompañada por consignas como Cuba Está Firme y Cuba Vencerá. Sin embargo, el mensaje llega cuando familias, maestros y estudiantes intentan prepararse para septiembre entre apagones, escasez y falta de recursos básicos.

La pregunta es inevitable. ¿Por qué llevar a un niño a la escuela debe convertirse en un acto heroico? En un país funcional, comenzar las clases forma parte de la normalidad. En Cuba, el propio poder presenta como hazaña lo que debería garantizar sin discursos épicos.

El PCC convierte una crisis cotidiana en propaganda

La retórica del “heroísmo” permite al régimen transformar sus propias carencias en una historia de resistencia. En lugar de explicar cómo resolverá los problemas, convierte cada dificultad en una prueba de lealtad política.

El mensaje resulta todavía más desconectado cuando se observa la situación eléctrica. Este 29 de agosto, la Unión Eléctrica estimó una afectación de hasta 2.140 megavatios durante el horario de mayor demanda.

La disponibilidad prevista era de apenas 1.140 MW frente a una demanda de 3.250 MW. Además, diez de las 16 unidades termoeléctricas del país estaban fuera de servicio por averías o mantenimiento.

Eso podía dejar simultáneamente sin electricidad a cerca del 65% de Cuba durante el horario pico. Para muchas familias, preparar uniformes, alimentos o simplemente garantizar una noche de descanso se vuelve una carrera contra el próximo apagón.

Menos maestros y menos uniformes para comenzar las clases

El curso escolar cubano tampoco llega con una plantilla docente completa. Datos oficiales citados por Reuters sitúan la cobertura de maestros en apenas 73% de las necesidades del sistema.

El Gobierno intenta llenar los vacíos con estudiantes universitarios, profesionales de otros sectores y profesores jubilados. La Habana recibirá alrededor de 3.000 docentes procedentes de provincias orientales con mejor cobertura.

El problema también aparece en territorios como Camagüey. Allí comenzarán las clases más de 95.900 alumnos en 690 centros educativos. Las propias autoridades reconocen dificultades importantes para cubrir plazas en secundaria básica, preuniversitario y enseñanza técnico-profesional.

La escasez alcanza incluso a los uniformes. La producción disponible cubriría solamente alrededor del 12% de la demanda de prendas para estudiantes de primaria. Los apagones en las fábricas han golpeado directamente esa producción.

Ante esa situación, el Ministerio de Educación pidió flexibilidad para que los estudiantes puedan acudir con ropa cómoda. La medida puede aliviar a algunas familias, pero también evidencia hasta qué punto se ha deteriorado una estructura que durante décadas fue presentada como vitrina del sistema.

Los niños cargan con una crisis que no provocaron

Detrás de cada cifra hay una familia que debe resolver lo que las instituciones no garantizan. Hay padres que buscan zapatos, meriendas, transporte y agua mientras intentan organizar la vida alrededor de cortes eléctricos interminables.

También hay maestros que llegan a las aulas después de sufrir las mismas carencias. Pedirles sacrificio permanente no sustituye salarios suficientes, recursos escolares, transporte estable ni condiciones dignas de trabajo.

El Gobierno cubano culpa a las sanciones de Estados Unidos y al cerco energético por una parte importante de la crisis. Las restricciones externas afectan el acceso a combustible y financiamiento. Sin embargo, esa explicación no elimina el deterioro acumulado de la infraestructura, la falta de inversión y los problemas internos de gestión.

Convertir cada falla en una batalla contra un enemigo externo tampoco repara una termoeléctrica. No forma maestros. No produce uniformes. No llena una mochila ni garantiza el desayuno de un niño.

De “golpe al imperialismo” a “acto de heroísmo”

La frase del PCC no apareció aislada. Días antes, Walter Simón Noris, primer secretario del Partido en Camagüey, presentó el comienzo de las clases como un supuesto “golpe al imperialismo”.

Ese lenguaje revela una prioridad preocupante. El regreso a las aulas se presenta como una victoria política antes que como un servicio que debe funcionar para estudiantes y familias.

La educación no debería necesitar consignas para demostrar su valor. Necesita profesores, escuelas en condiciones, electricidad, agua, transporte, libros y alimentos. Ningún lema puede sustituir esas necesidades.

El curso anterior ya terminó antes de lo previsto en medio de problemas de transporte y electricidad. Ahora septiembre comienza sin que las causas fundamentales hayan desaparecido.

El verdadero heroísmo no está en los discursos

Si existe heroísmo en este regreso a clases, no pertenece a quienes redactan consignas desde oficinas. Está en las familias que intentan sostener a sus hijos con recursos cada vez más limitados.

Está también en los docentes que siguen frente a un aula pese a salarios insuficientes, falta de materiales y condiciones difíciles. Son ellos quienes cargan con las consecuencias diarias de decisiones que no toman.

El curso escolar cubano arranca así con una enorme contradicción. El PCC habla de firmeza y victoria, mientras la realidad obliga a improvisar profesores, flexibilizar uniformes y estudiar bajo una crisis eléctrica extrema.

Llamar “heroísmo” a esa situación no resuelve nada. Solo confirma hasta qué punto la propaganda oficial ha normalizado que sobrevivir a las carencias se presente como un logro político.

Fuentes de verificación del artículo: Reuters documenta los cerca de 1,4 millones de estudiantes, la cobertura docente del 73%, los aproximadamente 3.000 profesores trasladados hacia La Habana y la disponibilidad de uniformes para apenas 12% de la demanda de primaria. EFE reportó para este sábado 65% de afectación eléctrica, 1.140 MW disponibles, 3.250 MW de demanda y diez de 16 unidades termoeléctricas fuera de servicio

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