Presos políticos cubanos: no pueden ser noticia por un día y presos por años

Los presos políticos cubanos no pueden ser noticia durante unas horas y después desaparecer de nuestra memoria. Cada detención provoca indignación, publicaciones y miles de comentarios. Luego llega otra noticia. Nosotros seguimos adelante. Ellos permanecen detrás de las rejas.

Hace apenas unos días ocurrió otra vez. Un hombre de barba blanca caminó por La Habana con una pancarta. Llegó hasta las escaleras del Capitolio y desafió públicamente al régimen. Primero todos lo conocimos como “el hombre de la pancarta”.

Ahora sabemos su nombre: Ariel Limias Leyva⁠.

Cuando termina la noticia, la prisión continúa

Ariel fue detenido. Después lo trasladaron a Villa Marista.

Su esposa quedó esperando noticias mientras las imágenes recorrían las redes sociales.

Antes de salir de su casa, Ariel había dicho una frase que resume mucho más que aquella protesta: “Alguien tiene que hacerlo por nuestro país”.

Y alguien lo hizo.

La pregunta ahora es otra: ¿qué hacemos nosotros después?

No podemos admirar durante dos días a una persona que arriesga su libertad y olvidarla cuando desaparece el video de nuestro teléfono.

Para nosotros termina la publicación.

Para su familia empieza la espera.

No podemos pedir valentía y después responder con olvido

Durante años hemos escuchado una frase: el pueblo cubano tiene que perder el miedo.

Tiene que protestar.

Tiene que salir a la calle.

Tiene que enfrentarse a la dictadura.

Pero debemos hacernos una pregunta mucho más incómoda.

¿Qué ocurre cuando alguien finalmente lo hace?

Lo detienen.

Lo interrogan.

Lo separan de su familia.

Lo procesan.

En algunos casos, lo condenan a años de prisión.

Entonces aparece otra noticia y comenzamos a hablar de otra cosa.

No podemos pedirles valentía a quienes viven dentro de Cuba y ofrecerles solamente 48 horas de solidaridad cuando pagan las consecuencias.

Ariel es el nombre de hoy, pero antes hubo muchos otros

Ahora hablamos de Ariel Limias Leyva porque su protesta frente al Capitolio acaba de ocurrir.

Pero antes hablamos de Kamil Zayas Pérez y Ernesto Ricardo Medina, los jóvenes de El 4tico⁠.

Los vimos hablar de la realidad cubana desde un pequeño espacio convertido en proyecto audiovisual.

Hoy la Fiscalía pide ocho años de prisión para Ernesto y diez para Kamil.

¿Seguiremos diciendo sus nombres cuando llegue el juicio?

También hablamos de Andrés Matos Alcántara, MC K-Libre⁠, cuando fue detenido después de acudir a una citación policial.

Su nombre recorrió las redes.

Después fueron pasando las semanas.

Pero la ausencia de nuevas imágenes no significa que su historia haya terminado.

Los presos del 11J tampoco pueden convertirse en pasado

Mucho antes estaban Jorge y Nadir Martín Perdomo.

Los hermanos participaron en las protestas del 11 de julio de 2021 en San José de las Lajas.

Han pasado más de cinco años.

Cinco años son fáciles de escribir.

Mucho más difícil resulta imaginar cinco años sin regresar a casa.

Durante ese tiempo nacieron otras noticias, ocurrieron nuevas protestas y aparecieron otros detenidos.

Ellos siguieron pagando.

Y como ellos, numerosos manifestantes del 11J continúan cargando las consecuencias de haber salido a protestar.

No podemos tratar el 11J como una fecha histórica mientras todavía existan personas pagando por aquel día.

La Chiringa Cubana también ha documentado la situación de Jorge Martín Perdomo desde prisión⁠, incluida la preocupación de su familia por su situación.

Hay nombres que tenemos la obligación de seguir diciendo

También están Maykel Castillo Pérez, Maykel Osorbo; Félix Navarro y Saylí Navarro; Lizandra Góngora Espinosa y Roberto Pérez Fonseca.

Está Sulmira Martínez Pérez.

Está José Gabriel Barrenechea Chávez.

Está Pedro Luis Fernández Peralta.

Está Ibrahim Domínguez Aguilar.

Está Luis Emilio Cabrera Díaz.

Está Walter Junior Blanco Prieto.

Está Antuan de Jesús Caballero Castellano.

Está Guillermo Carralero López.

Y están muchos más.

Algunos tuvieron miles de publicaciones cuando los arrestaron.

Otros apenas consiguieron unas líneas en medios independientes.

Algunos tienen familiares que mantienen sus casos visibles constantemente.

Otros casi no tienen quién consiga sacar información desde la cárcel.

Pero la cantidad de seguidores nunca puede decidir quién merece ser recordado.

Organizaciones como Prisoners Defenders mantienen un registro público de presos políticos en Cuba⁠, una lista que permite entender la dimensión de una realidad que va mucho más allá de los nombres que llegan a convertirse en tendencia.

Detrás de cada nombre existe una familia

Cuando hablamos de prisión política, resulta fácil terminar hablando de cifras.

Pero una cifra no espera una llamada telefónica.

Una cifra no prepara una jaba para llevarla a prisión.

Una cifra no cumple años sin su padre.

Una cifra no pasa una noche preguntándose si su esposo está enfermo, castigado o incomunicado.

Las familias sí.

Detrás de cada detenido existe alguien esperando.

Por eso cada vez que olvidamos un nombre también dejamos más sola a una familia.

Ahí está la parte humana que no puede desaparecer entre titulares, estadísticas y publicaciones.

El régimen también cuenta con nuestro cansancio

Para reprimir hacen falta policías, interrogatorios, cárceles, fiscales y tribunales.

Pero existe otro elemento mucho más silencioso.

El olvido.

Cada semana ocurre algo nuevo en Cuba.

Apagones.

Escasez.

Detenciones.

Procesos judiciales.

Protestas.

Abusos.

La avalancha de noticias termina enterrando la historia anterior.

Y eso favorece al poder.

Hoy un rostro llena Facebook.

Un mes después casi nadie pregunta qué ocurrió con esa persona.

Mientras menos hablamos de alguien, más fácil resulta que su situación desaparezca de la conversación pública.

Por eso recordar también constituye una forma de resistencia.

Están pagando por derechos que deberían pertenecernos a todos

Cuando decimos que están presos por nosotros, no significa que todos tengan la misma historia.

Significa algo mucho más profundo.

Muchos asumieron riesgos por ejercer libertades que deberían pertenecer a cualquier cubano.

Protestar.

Criticar al Gobierno.

Publicar una opinión.

Grabar.

Cantar.

Exigir electricidad.

Reclamar comida.

Pedir libertad.

Decir públicamente que están cansados.

Millones de cubanos conocen las consecuencias que pueden llegar después.

Algunos decidieron hacerlo de todas formas.

El precio lo están pagando ellos y sus familias.

Cuba no olvida tiene que significar algo

Recordar no puede reducirse a colocar una fotografía una vez al año.

Tenemos que volver sobre sus historias.

Preguntar dónde están.

Contar cuánto tiempo llevan presos.

Denunciar una nueva condena.

Hablar cuando los mandan a una celda de castigo.

Contar cuando enferman.

Escuchar a sus familiares.

Y, sobre todo, repetir sus nombres.

No podemos abrir una prisión con una publicación.

Pero podemos impedir que alguien desaparezca completamente detrás de sus muros.

No podemos abandonar a quien hizo lo que tantos pedían

Ariel salió solo con una pancarta.

Kamil y Ernesto utilizaron cámaras y redes sociales.

MC K-Libre utilizó su voz y su música.

Jorge y Nadir salieron durante el 11J.

Otros protestaron por un apagón.

Otros escribieron una frase.

Otros grabaron un abuso.

Las historias cambian.

El resultado se repite demasiado.

Represión, cárcel y familias esperando.

Por eso los presos políticos cubanos necesitan mucho más que nuestra indignación durante el momento del arresto.

Necesitan memoria.

Mientras quede uno preso, la noticia no ha terminado

Hoy conocemos el nombre de Ariel Limias Leyva.

Dentro de algunas semanas probablemente aparecerá otro cubano dispuesto a hacer algo parecido.

Cuando eso ocurra, tenemos que hablar del nuevo detenido.

Pero no podemos reemplazar un nombre con otro.

Tenemos que sumar.

Ariel.

Kamil.

Ernesto.

MC K-Libre.

Jorge.

Nadir.

Maykel.

Saylí.

Lizandra.

Roberto.

Sulmira.

Y todos los que siguen esperando.

No podemos pedirle al pueblo cubano que pierda el miedo mientras nosotros perdemos la memoria.

No podemos llamar valiente a alguien hoy y olvidarnos mañana de que continúa preso.

No podemos permitir que una persona entregue años de su vida mientras nosotros apenas entregamos unos segundos para compartir su historia.

Que ninguna nueva detención borre la anterior.

Que ningún preso se convierta simplemente en “aquel muchacho del video”.

Que ninguna familia sienta que todos siguieron adelante mientras ellos quedaron esperando.

Mientras exista una persona privada de libertad por levantar la voz en Cuba, esa historia no pertenece al pasado.

La noticia sigue abierta.

Y Cuba no puede olvidarlos.