Camila Acosta detenida en La Habana cuando llevaba a su gata al veterinario

La detención de Camila Acosta este martes 3 de noviembre vuelve a colocar bajo atención la presión contra el periodismo independiente en Cuba. La reportera fue arrestada en plena vía pública, en el municipio Plaza de la Revolución, cuando llevaba a su gata al veterinario.

Según la denuncia difundida por CubaNet, agentes la interceptaron cerca de su vivienda, la esposaron y la introdujeron por la fuerza en una patrulla. Su esposo, el escritor y expreso político Ángel Santiesteban, recibió la noticia a través de un vecino que presenció el operativo.

Un vecino rescató a la mascota tras el arresto

La gata quedó en la calle después de la detención. Un vecino la recogió y luego avisó a Santiesteban sobre lo ocurrido.

El escritor relató que varias personas de la zona intentaron interceder ante los agentes. Los vecinos defendieron a la periodista y cuestionaron la forma en que fue arrestada.

Según el testimonio transmitido por Santiesteban, los policías respondieron que la reportera estaba vinculada a un incidente con el familiar de un “revolucionario”. Sin embargo, no informaron públicamente qué delito le atribuían.

Los primeros reportes tampoco identificaron el lugar exacto al que fue trasladada. CubaNet calificó lo ocurrido como un “secuestro” y exigió su liberación inmediata.

El arresto ocurre un día después del caso de Adelth Bonne

La detención llega apenas un día después del arresto del comunicador Adelth Bonne Gamboa, también colaborador de CubaNet. Bonne fue detenido en Santos Suárez y liberado horas más tarde.

Tras su liberación, denunció que las autoridades le confiscaron equipos de trabajo, lo amenazaron con prisión y le impusieron una multa de 3.000 pesos. La sanción se aplicó bajo el Decreto-Ley 370.

La cercanía entre ambos episodios aumenta la preocupación sobre las presiones contra reporteros que trabajan fuera de los medios estatales. No demuestra por sí sola que exista una operación coordinada, pero sí muestra dos detenciones consecutivas contra colaboradores del mismo medio.

Ese contexto resulta especialmente relevante porque el periodismo independiente cubano trabaja sin las garantías habituales de una prensa libre. Reporteros y colaboradores denuncian con frecuencia vigilancia, citaciones, confiscaciones y restricciones de movimiento.

Acosta había denunciado vigilancia días antes

El 28 de octubre, Acosta grabó a un hombre vestido de civil al que identificó como agente de la Seguridad del Estado. Según la periodista, el hombre le impidió salir de su vivienda en El Vedado sin mostrarle una orden judicial.

El Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa documentó ese episodio. La organización también registró otros cercos contra la reportera durante agosto y septiembre de 2026.

Estas restricciones no comenzaron esta semana. La periodista lleva años denunciando vigilancia, interrogatorios, arrestos y obstáculos para realizar su trabajo.

En abril de 2024 también fue detenida en Cárdenas, Matanzas. En aquella ocasión se dirigía a visitar a familiares de presos políticos.

El antecedente de las protestas del 11J

Uno de los episodios más conocidos ocurrió en julio de 2021. La reportera había cubierto las protestas del 11J para CubaNet y el diario español ABC.

Un día después fue arrestada. Permaneció cuatro días detenida y posteriormente quedó bajo arresto domiciliario.

El Comité para la Protección de los Periodistas documentó aquel proceso y entrevistó a la reportera después de su excarcelación. Desde entonces, su nombre ha aparecido de forma recurrente en denuncias sobre libertad de prensa en Cuba.

Su trabajo se ha concentrado en presos políticos, derechos humanos, problemas sociales y conflictos dentro de la masonería cubana. También ha entrevistado a familiares y voces que rara vez aparecen en medios oficiales.

La falta de información agrava la preocupación

Una detención debe tener una base legal clara y debe permitir conocer dónde permanece la persona arrestada. Cuando esa información no se ofrece, la familia queda sin herramientas básicas para asistirla.

En este caso, la preocupación no se limita a la manera en que ocurrió el arresto. También pesa la ausencia inicial de información pública sobre los motivos, el lugar de reclusión y la situación jurídica de la reportera.

Ese vacío crea un escenario de incertidumbre que afecta directamente a su familia y a sus compañeros de trabajo. También envía un mensaje intimidatorio a otros periodistas que cubren asuntos sensibles dentro de la Isla.

Criticar a las autoridades, documentar abusos, entrevistar a familiares de presos o informar sobre protestas son tareas periodísticas. Ninguna de esas actividades debería convertirse por sí misma en motivo para detener a un reportero.

Otro episodio que golpea al periodismo independiente

El arresto de Camila Acosta no puede analizarse como un hecho aislado de su historial reciente. Las restricciones de octubre, los cercos anteriores y sus detenciones previas muestran una relación prolongada de conflicto con la Seguridad del Estado.

Eso no permite anticipar cuál será el desenlace de este nuevo episodio. Tampoco sustituye la necesidad de conocer una explicación oficial y verificable.

Lo esencial ahora es saber dónde se encuentra, qué autoridad ordenó su detención y bajo qué fundamento legal. También debe conocerse si tendrá acceso a asistencia legal y comunicación con sus familiares.

Mientras esas respuestas no aparezcan, la detención seguirá generando preocupación dentro y fuera de Cuba. La transparencia no debería depender de la presión pública ni de las denuncias de vecinos, familiares o colegas.

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