Díaz-Canel exige más productividad mientras admite sueldos estatales de 3,000 pesos

Miguel Díaz-Canel reconoció que existen salarios en Cuba de apenas 3,000 a 4,000 CUP mensuales dentro de empresas estatales. Lo hizo al mismo tiempo que pidió a los directivos elevar la eficiencia, la producción, los ingresos y la disciplina laboral.

El dirigente habló ante más de medio centenar de empresarios y presidentes de grupos estatales. El encuentro evaluó la aplicación de las 176 transformaciones económicas y sociales aprobadas este año. Según la información oficial, 171 ya cuentan con bases jurídicas completas y se han aprobado 215 normas relacionadas con el proceso.

Trabajadores que siguen en sus puestos por 3,000 o 4,000 pesos

Díaz-Canel utilizó los bajos ingresos como ejemplo del llamado “sentido de pertenencia” de los trabajadores. Señaló que existen colectivos donde empleados siguen en fábricas y empresas pese a recibir apenas 3,000 o 4,000 pesos al mes.

En lugar de presentar esa permanencia como una señal de alarma salarial, la vinculó con el compromiso de los empleados. También pidió a los directivos que consulten más las decisiones con sus trabajadores y les den participación cotidiana en la gestión.

La cifra resulta especialmente significativa frente a los propios datos oficiales. El salario medio del sistema empresarial y presupuestado alcanzó 7,354 CUP en agosto de 2026. Además, el salario mínimo estatal fue elevado a 3,210 CUP desde julio. Tomada literalmente, la referencia de Díaz-Canel a trabajadores que cobran alrededor de 3,000 pesos queda por debajo de ese nuevo mínimo.

Un salario que puede desaparecer con una sola compra

La realidad del mercado permite medir mejor el valor de esos ingresos. En octubre, un mercado presentado como “asequible” en Sagua de Tánamo, Holguín, ofrecía un cartón de 30 huevos por 3,500 CUP.

Eso significa que un trabajador que cobre 3,000 pesos no podría comprar ese único producto con todo su salario mensual. Quien reciba 4,000 pesos gastaría el 87.5% de su ingreso solo en el cartón de huevos.

La comparación ayuda a entender el deterioro de los salarios en Cuba frente al costo de los alimentos. No incluye arroz, aceite, carne, transporte, electricidad, medicamentos, aseo ni otros gastos básicos de una familia.

Más autonomía para las empresas, pero sin privatización

Díaz-Canel defendió las nuevas facultades concedidas a las empresas estatales. Entre ellas figuran mayor autonomía administrativa, capacidad para gestionar combustible y posibilidad de importar o exportar sin intermediarios.

También pueden aprobar determinados precios mayoristas, decidir parte del destino de sus utilidades y diseñar sistemas salariales con más flexibilidad. Sin embargo, el propio dirigente advirtió que esa autonomía “no es un cheque en blanco”.

El objetivo oficial consiste en lograr más producción, ingresos, exportaciones y eficiencia sin abandonar la propiedad estatal. Díaz-Canel aseguró que las transformaciones no conducirán a privatizaciones y defendió separar la propiedad de la gestión para atraer capital y aprovechar capacidades ociosas.

La autonomía termina donde empieza el control político

Durante el mismo encuentro, Díaz-Canel recordó a los directivos que son “cuadros de la Revolución” y “cuadros del Partido”. Esa definición establece un límite político claro sobre la autonomía empresarial que las autoridades dicen impulsar.

Las empresas podrán administrar más recursos y tomar algunas decisiones con menos intermediación. Sin embargo, sus dirigentes seguirán sujetos a una estructura política que coloca la continuidad del modelo socialista como principio central.

La combinación muestra la contradicción que enfrenta la reforma. Se pide actuar con lógica empresarial, aumentar productividad y competir mejor, pero sin modificar la propiedad estatal ni la subordinación política de la dirección.

Díaz-Canel admite que no todo puede explicarse por factores externos

Otro momento significativo llegó cuando criticó lo que llamó “gestión por quejas”. El dirigente cuestionó a quienes atribuyen los problemas empresariales únicamente a la macroeconomía, las sanciones estadounidenses u otras condiciones externas.

También pidió combatir la burocracia, las pérdidas, el ausentismo, la corrupción y el uso ineficiente de los recursos. Además, rechazó que las empresas trasladen automáticamente sus costos a los precios cuando esos costos esconden mala gestión.

Ese planteamiento reconoce un problema interno que durante años ha acompañado al sistema empresarial cubano. Las restricciones externas existen y afectan operaciones, pero la propia dirección del país admite ahora que no explican por sí solas la baja eficiencia.

Cientos de empresas estatales siguen registrando pérdidas

Los resultados conocidos durante 2026 muestran la magnitud del desafío. Un análisis del economista Elías Amor, basado en cifras empresariales, situó en 348 las empresas estatales con pérdidas entre enero y julio.

La cifra representaba cerca del 16% de las 2,206 empresas estatales consideradas. Meses antes, los datos de enero a mayo también habían mostrado una caída de las ventas netas y de las utilidades antes de impuestos.

Ese contexto vuelve más difícil presentar la baja productividad como un problema exclusivo de los trabajadores. Las empresas operan dentro de un sistema que combina controles administrativos, escasez de divisas, falta de combustible, problemas de inversión y decisiones centralizadas.

Pedir más productividad no resuelve por sí solo el poder adquisitivo

Las nuevas reformas pueden ampliar el margen de acción de algunas empresas. Sin embargo, el resultado dependerá de que esas facultades se conviertan en producción real, mejores ingresos y precios que los trabajadores puedan pagar.

El propio Díaz-Canel puso sobre la mesa una contradicción difícil de ignorar. Exige más eficiencia y productividad mientras reconoce que algunos empleados permanecen en sus puestos con ingresos de apenas 3,000 o 4,000 pesos.

El debate sobre los salarios en Cuba no se reduce a cuánto recibe un trabajador en cifras nominales. La cuestión central es qué puede comprar con ese dinero. También importa si el modelo empresarial puede producir riqueza suficiente para elevar esos ingresos.

Mientras un salario mensual pueda desaparecer en una compra básica, cualquier promesa de eficiencia tendrá una prueba concreta. Esa prueba será el poder adquisitivo real de los trabajadores.

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