Denuncian detención de pastor en Camagüey tras convocar a iglesias a orar por Cuba

La represión religiosa en Cuba vuelve al centro de la atención tras la denuncia sobre la detención del pastor evangélico Maikel Pupo Velázquez. El religioso habría sido arrestado en Camagüey después de convocar a varias iglesias a participar en una oración pública por la nación.

Pupo Velázquez pertenece a la Iglesia Palabra de Fuego Bendición Sagrada. La denuncia fue difundida por Darlon Bermúdez, líder de la Iglesia Metodista San Juan, en Santiago de Cuba, quien pidió oraciones por el pastor y su familia.

Según Bermúdez, la esposa del religioso se encuentra desesperada. Además, la hija mayor de la pareja permanece ingresada en Cardiología. La situación familiar añade todavía más preocupación alrededor de un arresto que vuelve a colocar la libertad religiosa bajo cuestionamiento.

Maikel Pupo ya había sido detenido anteriormente

No es la primera vez que Maikel Pupo Velázquez termina bajo custodia de las autoridades cubanas. En julio de 2025 fue detenido después de intentar visitar a la familia de dos presos políticos del 11J y llevar medicamentos.

Aquella visita estaba relacionada con la familia de Jorge y Nadir Martín Perdomo. Ambos permanecen encarcelados por su participación en las protestas del 11 de julio de 2021.

Después de aquel episodio, organizaciones dedicadas a vigilar la libertad religiosa denunciaron que Pupo Velázquez había sido interrogado y amenazado. Ese antecedente importa porque muestra que el pastor ya había enfrentado presión. Ahora, según la nueva denuncia, su arresto estaría relacionado con una convocatoria para orar públicamente por Cuba.

Orar por Cuba también genera presión

El problema no parece limitarse a una congregación concreta. Durante los últimos meses han aumentado las denuncias de vigilancia, citaciones, interrogatorios y detenciones contra religiosos que hablan sobre la crisis nacional o muestran solidaridad con personas perseguidas.

En los primeros días de octubre, otros casos encendieron las alarmas. El pastor Rolando Fidel Pérez Lora, conocido como Pregonero de Cristo, fue detenido cuando intentaba acudir al juicio de Anna Bensi y su madre en La Habana.

Un día después, Ariel Limias Leyva fue arrestado frente al Capitolio Nacional después de realizar una protesta contra la dictadura. Limias, vinculado al ámbito religioso, fue trasladado posteriormente a Villa Marista. Los casos son distintos, pero comparten un elemento preocupante: la reacción de las autoridades cuando la fe se transforma también en solidaridad, denuncia pública o reclamo de derechos.

La libertad religiosa va más allá de abrir una iglesia

Permitir que un templo abra sus puertas no basta para hablar de verdadera libertad religiosa. Ese derecho también incluye predicar, reunirse, acompañar a personas vulnerables, expresar preocupaciones sociales y orar sin miedo a represalias.

Cuando un pastor puede terminar detenido después de convocar una oración, la discusión deja de ser solamente religiosa. También pasa a ser una cuestión de libertad de expresión, reunión y conciencia.

En Cuba, las iglesias cumplen además una función social que muchas veces llega donde el Estado no responde. Congregaciones y grupos religiosos ayudan a ancianos, enfermos, familias sin recursos y personas afectadas por la crisis. Limitar esos espacios también reduce formas independientes de organización comunitaria fuera del control político.

Un patrón que ya genera preocupación internacional

Christian Solidarity Worldwide ha documentado cientos de casos relacionados con violaciones de la libertad de religión o creencias en Cuba. Entre las prácticas denunciadas aparecen detenciones arbitrarias, amenazas, vigilancia, interrogatorios y restricciones contra líderes y comunidades religiosas.

La organización también ha advertido sobre el uso de actas de advertencia como mecanismo de intimidación. Estas medidas aumentan la presión sobre quienes mantienen posiciones independientes o cuestionan públicamente decisiones del Gobierno.

A esa preocupación se sumó recientemente un pronunciamiento del clero de la Iglesia Episcopal de Cuba. Sus integrantes denunciaron violencia, intimidación y acoso policial contra ciudadanos que reclaman derechos. El contexto refuerza las preocupaciones sobre la represión religiosa en Cuba y convierte el caso de Maikel Pupo Velázquez en algo mayor que un incidente aislado.

Una oración no debería terminar en una detención

Convocar a orar por un país atravesado por apagones, escasez, falta de medicamentos y una profunda crisis social no debería convertirse en motivo de arresto. Mucho menos cuando las propias autoridades aseguran que existe libertad religiosa.

La represión religiosa en Cuba contradice ese discurso cuando líderes religiosos enfrentan presión por acompañar a presos políticos, ayudar a familias perseguidas o hablar públicamente sobre la realidad nacional. La fe no deja de ser fe cuando una persona pide libertad, justicia o dignidad.

El caso de Maikel Pupo Velázquez vuelve a dejar una pregunta inevitable: ¿qué espacio real existe para la libertad religiosa cuando una convocatoria de oración puede terminar rodeada de denuncias de detención y presión estatal? Mientras no exista libertad para creer, expresarse, reunirse y actuar según la conciencia de cada ciudadano, cualquier discurso oficial sobre tolerancia religiosa seguirá chocando con los hechos.

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