Miguel Díaz-Canel volvió a cargar contra Estados Unidos a pocos días del nuevo choque diplomático por el embargo a Cuba en Naciones Unidas. El gobernante cubano acusó a Washington de presionar a otros gobiernos para reducir el respaldo internacional a La Habana.
En mensajes difundidos este jueves en redes sociales, Díaz-Canel aseguró que esas gestiones muestran que Estados Unidos está “solo y aislado” ante el mundo. También presentó la política estadounidense como un castigo contra la población cubana. Defendió además la posición del régimen antes del debate de finales de octubre.
Díaz-Canel vuelve a cargar contra Washington
La nueva ofensiva verbal sigue una línea conocida dentro del discurso oficial cubano. La Habana suele presentar cada votación sobre las sanciones como una confrontación entre Estados Unidos y la comunidad internacional.
Esta vez, Díaz-Canel afirmó que Washington realiza un despliegue diplomático para convencer a otros países. Según su versión, esa campaña demuestra una falta de apoyo auténtico a la política estadounidense hacia la isla.
El problema para ese argumento es que el escenario ya no es idéntico al de años anteriores. Estados Unidos sigue muy lejos de reunir una mayoría contra la resolución cubana. Sin embargo, La Habana perdió una cantidad importante de apoyos en la votación de 2025.
Washington sí mueve fichas antes del voto
La acusación cubana tampoco surge de la nada. Estados Unidos está realizando gestiones diplomáticas antes de la próxima discusión en la Asamblea General.
El Departamento de Estado confirmó esta semana una conversación telefónica entre Marco Rubio y el presidente salvadoreño Nayib Bukele. Cuba apareció entre los asuntos abordados durante la llamada.
Rubio sostuvo que el Gobierno cubano no realizará las reformas que necesita la población mientras crea que conserva un fuerte respaldo internacional. También pidió a El Salvador colaborar con Washington y otros socios en prioridades compartidas dentro de Naciones Unidas.
Bruno Rodríguez reaccionó un día después. El canciller cubano acusó a Rubio de “presionar y chantajear” a jefes de Estado y de Gobierno para modificar sus posiciones.
Hasta ahora, La Habana no ha presentado públicamente pruebas de amenazas concretas contra esos gobiernos. Lo confirmado es que Washington está haciendo diplomacia activa para tratar de reducir el respaldo político al régimen.
El respaldo a La Habana cayó en 2025
Los números explican parte del nerviosismo del Gobierno cubano. En 2024, la resolución contra el embargo recibió 187 votos favorables, dos en contra y una abstención.
En octubre de 2025, el resultado cambió de forma notable. La propuesta obtuvo 165 votos a favor, siete en contra y 12 abstenciones.
Estados Unidos e Israel volvieron a rechazar el texto. También votaron en contra Argentina, Hungría, Macedonia del Norte, Paraguay y Ucrania.
La caída de 22 votos favorables en un año no significa que Washington haya ganado la batalla diplomática. La mayoría de los países siguió apoyando la resolución cubana.
Sin embargo, sí mostró una reducción significativa del respaldo que La Habana utilizó durante años como argumento político. Ese cambio resulta especialmente incómodo para un Gobierno que presenta cada votación como una demostración casi unánime de apoyo internacional.
La votación extraordinaria de julio fue diferente
En julio de 2026, Cuba volvió a llevar el asunto a la Asamblea General durante una sesión extraordinaria. Entonces, 136 países respaldaron la reapertura del tema, nueve votaron en contra y 30 se abstuvieron.
Ese resultado no debe compararse de manera directa con la votación anual. La decisión de julio tenía un carácter procedimental y permitió reabrir el debate.
Aun así, el aumento de las abstenciones mostró un escenario diplomático menos cómodo para La Habana. La disputa internacional sobre el embargo a Cuba aún favorece a la posición cubana. Sin embargo, ya no conserva el mismo nivel de consenso.
La oposición cubana también busca influir
Washington no es el único actor intentando mover votos antes de la sesión.
Más de 550 activistas, opositores y organizaciones cubanas firmaron un llamamiento dirigido a gobiernos democráticos. El documento pide votar contra la resolución de La Habana o, como mínimo, abstenerse.
Entre los firmantes aparecen José Daniel Ferrer, Orlando Gutiérrez-Boronat y Jorge Luis García Pérez “Antúnez”. Los promotores aseguran que la iniciativa ya supera las 1,000 adhesiones totales.
Sostienen que el régimen presenta cada voto favorable como respaldo político a su sistema. Al mismo tiempo, evita hablar de represión, presos políticos y falta de libertades.
El discurso oficial vuelve a dejar fuera la crisis interna
Las sanciones estadounidenses tienen efectos económicos reales y forman parte de la crisis que enfrenta la isla. Ignorar ese impacto tampoco ayudaría a entender el problema cubano.
Pero reducir toda la situación nacional a Washington deja fuera factores internos decisivos. Cuba arrastra baja productividad, deterioro energético, inflación, escasez, falta de inversiones y fuertes restricciones sobre la actividad económica.
También mantiene un sistema político de partido único, con escaso espacio para la oposición organizada y severos límites a la protesta pública.
Por eso, la narrativa de Díaz-Canel resulta incompleta. Puede denunciar la presión estadounidense, pero esa denuncia no elimina la responsabilidad del Gobierno cubano sobre décadas de decisiones económicas y políticas.
Una resolución con peso político, pero sin efecto vinculante
La resolución que Cuba presenta cada año tiene un fuerte valor simbólico y diplomático. Sin embargo, no obliga jurídicamente a Estados Unidos a modificar su legislación.
El Congreso estadounidense conserva un papel central en cualquier cambio profundo del embargo. Una nueva mayoría favorable a La Habana en Naciones Unidas no eliminará automáticamente las sanciones.
La próxima votación sí medirá el respaldo internacional que mantiene el Gobierno cubano. Lo hará después de un año de mayor presión diplomática.
La Habana intentará convertir cualquier mayoría en una victoria política. Washington buscará demostrar que ese apoyo continúa reduciéndose.
Mientras tanto, el debate sobre el embargo a Cuba seguirá ocupando titulares. Para los cubanos dentro de la isla, la pregunta más importante será otra. ¿Cuánto de esta batalla diplomática se traducirá en cambios reales para sus vidas?