Ulises Guilarte destituido en medio de crisis que golpea a los trabajadores cubanos

El régimen cubano destituyó a Ulises Guilarte como secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) tras más de once años al frente de la única organización sindical permitida en la isla. Esta decisión, tomada en el Consejo Nacional de la CTC, no vino acompañada de explicaciones claras, lo que evidencia la opacidad habitual del Partido Comunista.

La frase clave “Ulises Guilarte destituido” aparece desde el inicio para destacar el hecho. Según el sitio oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC), Guilarte fue “reconocido por su desempeño” y será ubicado en “otras responsabilidades”, un lenguaje típico del sistema para encubrir purgas internas.

En su lugar fue designado Osnay Miguel Colina Rodríguez, licenciado en Bioquímica, miembro del Comité Central y diputado a la Asamblea Nacional. Colina ha sido presentado como un cuadro político capaz de “crear un ambiente político favorable”, un eufemismo que en la práctica significa perpetuar la línea oficialista y acallar cualquier atisbo de sindicalismo real.

Por si fuera poco, el Consejo Nacional decidió aplazar el XXII Congreso de la CTC hasta 2026, argumentando que el proceso de conferencias municipales y provinciales aún no ha concluido. Esta maniobra les otorga más tiempo para afianzar el control del aparato sindical, que sigue funcionando como brazo del Partido y no como verdadero defensor de los obreros cubanos.

El nuevo titular, Colina, presidirá además la Comisión Organizadora del Congreso, cuyo mandato fue ampliado más allá del límite estatutario de seis meses. Esto ocurre en un contexto de creciente descontento laboral en sectores como salud, educación y transporte, donde los salarios no alcanzan ni para cubrir necesidades básicas.

La reunión del Consejo Nacional estuvo dirigida por Roberto Morales Ojeda, alto funcionario del PCC, encargado de supervisar estas reestructuraciones que lejos de solucionar la grave situación económica, sólo buscan maquillar el poder del Partido frente a la clase trabajadora exhausta.

Durante su mandato desde 2013, Guilarte repitió el discurso oficial llamando a los cubanos a una “resistencia activa”, mientras admitía que la CTC no podía resolver todos los problemas. En realidad, el sindicato bajo su mando fue un simple repetidor de órdenes del régimen, sin capacidad para exigir mejoras reales ni defender a los trabajadores frente a la inflación, los apagones y la escasez.

Este cambio en la cúpula de la CTC confirma que, bajo el comunismo, los sindicatos no existen para representar al pueblo, sino para sostener el poder de la élite gobernante, aunque el pueblo pase hambre.