El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel reaccionó en redes al nuevo memorando firmado por Donald Trump, que refuerza el embargo y prohíbe el turismo desde Estados Unidos a la isla. Su frase “no nos doblegarán” deja ver más nerviosismo que firmeza, pues el verdadero temor del régimen no son las sanciones en sí, sino lo que podrían desencadenar: una descomposición más rápida del sistema comunista que ya se tambalea.
Díaz-Canel, designado por Raúl Castro, trató de mostrarse fuerte, pero sus palabras reflejan el miedo de quien observa el derrumbe de la estructura represiva que sostiene su poder. El nuevo NSPM-5 no es un “plan agresivo contra Cuba”, como repite el oficialismo, sino una estrategia que busca aislar al aparato militar y de inteligencia —representado por conglomerados como GAESA— y dar más libertad al pueblo cubano, fomentando el acceso a internet, la empresa privada y la prensa independiente.
Pero esas libertades son la peor pesadilla para el castrismo. Saben que un pueblo informado, con opciones reales y sin miedo, puede despertar. Por eso la reacción del Palacio de la Revolución ha sido la misma de siempre: gritar “bloqueo”, “agresión imperialista” y convocar a la “resistencia heroica”. Lo que no dicen es que el verdadero bloqueo que destruye a los cubanos está en La Habana, donde un partido único prohíbe la libre empresa, la libre opinión, los partidos políticos y cualquier alternancia en el poder.
Mientras tanto, la economía cubana está en ruinas, la emigración masiva vacía el país de jóvenes y la represión aumenta. Cada sanción que golpea las finanzas del régimen es una amenaza directa para esa maquinaria de control que lleva 65 años gobernando por la fuerza.
Díaz-Canel insiste en que “no nos doblegarán”, pero su discurso se siente cada vez más vacío. Los regímenes totalitarios no caen por presión externa, sino porque se pudren por dentro, y en Cuba ese proceso avanza sin freno. El verdadero temor del régimen no es Trump ni las sanciones. Es al pueblo cubano cuando deje de tener miedo, a una generación que crece conectada, a una emigración que quiere decidir el futuro del país y a la posibilidad real de elecciones libres y justicia para tanto atropello.
Por eso responden con furia a cada medida que los expone. Intentan vender como injerencia lo que en realidad busca desmontar un sistema fracasado y dar paso a una Cuba donde el poder no se sostenga con represión y propaganda. Una Cuba verdaderamente libre.