La mortalidad infantil Cuba vuelve a encender las alarmas tras el reconocimiento oficial de que La Habana registra la tasa más alta del país. Con 14 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, la capital marca un récord negativo que no se veía en más de dos décadas y confirma el deterioro profundo del sistema de salud pública.
El dato, admitido por autoridades del régimen durante un pleno del Partido Comunista en la capital, contrasta con el promedio nacional de 8,2 por mil reportado en 2025. Lejos de ser un hecho aislado, refleja una crisis estructural marcada por escasez de medicamentos, falta de insumos médicos y la salida masiva de personal sanitario.
La Habana lidera un retroceso histórico en mortalidad infantil
La cifra de mortalidad infantil Cuba en La Habana no solo supera la media nacional, sino que rompe con la narrativa oficial de décadas. En 2018, el país reportaba apenas 3,9 muertes por mil nacidos vivos. Hoy, ese indicador casi se ha triplicado a nivel nacional y se dispara en la capital.
Las propias autoridades sanitarias han reconocido que solo se cubre alrededor del 30 % del cuadro básico de medicamentos. Hospitales operan sin incubadoras suficientes, con ambulancias fuera de servicio y con déficit de especialistas en neonatología, obstetricia y pediatría.
Propaganda política frente a hospitales sin recursos
Durante el encuentro partidista, el gobernante Miguel Díaz-Canel volvió a recurrir al discurso político, atribuyendo la crisis a factores externos. Sin embargo, los datos oficiales del Ministerio de Salud Pública muestran un aumento sostenido tanto de la mortalidad infantil como de la materna.
En julio de 2025, el MINSAP reportó 8,2 muertes infantiles por cada mil nacidos vivos y una mortalidad materna de 56,3 por cada 100.000, casi el doble que dos años antes. Estas cifras se producen en un contexto de hospitales desabastecidos y personal médico exhausto o emigrado.
Epidemias y falta de respuesta sanitaria
La situación se ha agravado con brotes de dengue y chikungunya que golpearon al país entre finales de 2025 y comienzos de 2026. Decenas de menores fallecieron y decenas más fueron hospitalizados en estado grave o crítico, según cifras oficiales.
Mientras tanto, altos funcionarios de Salud llegaron a afirmar en televisión nacional que el sistema cubano supera al de muchos países, incluso cuando confirmaban decenas de muertes, la mayoría de ellas infantiles. La contradicción entre discurso y realidad se ha vuelto constante.
Mortalidad infantil Cuba frente al contexto internacional
El aumento de la mortalidad infantil Cuba coloca a La Habana en niveles comparables a países con menor desarrollo humano. Según datos del Banco Mundial y agencias de Naciones Unidas, la tasa nacional cubana en 2023 fue de 6,6 por mil nacidos vivos, muy por debajo del valor actual de la capital.
De confirmarse las cifras oficiales, La Habana se acerca a indicadores de países como Vietnam o Marruecos, y se aleja radicalmente de naciones con sistemas sanitarios sólidos como Japón o Singapur. La comparación desmonta el discurso de “potencia médica” sostenido por el régimen durante décadas.
Menos nacimientos, más muertes y fuga de médicos
A la crisis sanitaria se suma el colapso demográfico. Cuba registra la natalidad más baja en 60 años, con menos de 90.000 nacimientos anuales y una población cada vez más envejecida. Al mismo tiempo, miles de médicos abandonan el país, dejando servicios esenciales al borde del colapso.
La combinación de desinversión hospitalaria, corrupción administrativa y centralización ineficiente ha convertido la mortalidad infantil en el indicador más crudo del fracaso del modelo. Hoy, la capital del país ya no es vitrina del sistema, sino evidencia directa de su deterioro.
En la Cuba que se presentaba como referente sanitario, nacen menos niños, mueren más recién nacidos y los hospitales funcionan sin recursos básicos. La mortalidad infantil Cuba se ha transformado en el termómetro más doloroso de una nación exhausta.