Díaz-Canel amenaza a las mipymes en Cuba con cierres por “derroche eléctrico”

El gobernante Miguel Díaz-Canel volvió a responsabilizar a las mipymes en Cuba por el aumento del consumo eléctrico, advirtiendo que los negocios privados que “no cumplan su plan de consumo” podrían ser cerrados, incluso si pagan la factura. La declaración llega en medio de apagones masivos, escasez de combustible y un control cada vez más severo sobre la iniciativa privada.

Durante una reunión sobre los problemas críticos de La Habana, Díaz-Canel ordenó que se inspeccionen los establecimientos del sector no estatal y reiteró: “No se puede permitir el derroche, aunque puedan pagar la electricidad”. Las palabras reflejan el doble rasero del régimen: mientras la población sufre apagones diarios, los hoteles del turismo estatal siguen recibiendo prioridad energética.

Asfixia al sector privado

El control sobre las mipymes en Cuba se ha endurecido desde la aprobación del Decreto 110/2024, que obliga a estos negocios a generar la mitad de su electricidad para 2028 y mantener temperaturas por encima de 24 grados. Las sanciones incluyen multas de hasta 20.000 pesos y suspensión del servicio eléctrico por tres días, medidas que muchos consideran una trampa legal para cerrar emprendimientos independientes.

En redes sociales, emprendedores denunciaron que los apagones provocan pérdidas constantes de alimentos y mercancías, mientras el combustible para los generadores solo se vende en MLC y con restricciones absurdas, como exigir que los equipos sean trasladados físicamente hasta las gasolineras para abastecerse.

La contradicción del modelo

Pese a ser presentadas como “un pilar del ordenamiento económico”, las mipymes operan bajo sospecha constante. El Estado las necesita para generar empleo y abastecimiento, pero las vigila, sanciona y culpa de la inflación. Desde su legalización en 2021, más de 11.000 mipymes aportan el 23 % de los ingresos fiscales y el 55 % del comercio minorista, pero el gobierno insiste en someterlas a controles ideológicos y trabas burocráticas.

El régimen teme al crecimiento del sector privado porque representa un espacio autónomo fuera del control partidista. La desigualdad real no está entre ricos y pobres, sino entre quienes acceden a divisas y quienes dependen del salario estatal, cada vez más devaluado por la inflación.

Sin electricidad ni certeza

Mientras Díaz-Canel exige “disciplina energética”, el Sistema Eléctrico Nacional acumula más de 1.800 MW de déficit, con apagones de hasta 20 horas en provincias enteras. En Cuba, ni siquiera “poder pagar la luz” garantiza poder encenderla.

Cada negocio que sobrevive, pese a los cortes, multas y amenazas, demuestra que la transición hacia una economía de mercado no depende del Partido, sino de la resiliencia de quienes trabajan a contracorriente del Estado.