El régimen cubano volvió a usar historias individuales para reforzar su narrativa durante el Día Nacional de la Defensa. Esta vez, el protagonismo recayó en un miliciano que aseguró estar “al llamado de la patria” pese a trabajar actualmente como barbero. Además, en el pasado fue militar. Su testimonio fue presentado como ejemplo de compromiso ciudadano, en un país marcado por la escasez, los apagones y el desgaste social.
Según sus propias palabras, “a pesar de ser barbero y en mi pasado haber sido militar, siempre estaré presente”. La frase resume el mensaje que el aparato propagandístico intenta proyectar. El punto principal es la disposición permanente de los cubanos a movilizarse, aun cuando la realidad cotidiana contradice ese discurso épico.
Un testimonio útil para la propaganda
El relato del miliciano fue difundido como símbolo de unidad y sacrificio. Se presenta la participación en ejercicios militares como un honor personal, desligado de las condiciones reales en que vive la mayoría de los ciudadanos. No se mencionan salarios insuficientes, falta de alimentos ni la crisis de servicios básicos que empuja a miles a emigrar.
La figura del barbero convertido en defensor armado resulta funcional al discurso oficial. Así, transmite la idea de que cualquier ciudadano debe estar dispuesto a dejar su oficio y asumir tareas militares cuando el Estado lo reclame.
La épica oficial frente a la realidad social
Mientras el régimen exalta la “defensa de la patria”, hospitales carecen de insumos, el transporte público colapsa y la electricidad falla a diario. La exaltación del sacrificio individual sustituye cualquier debate sobre responsabilidades políticas o soluciones económicas.
Este tipo de testimonios no responden a una espontaneidad ciudadana, sino a una estrategia comunicacional. Dicha estrategia busca normalizar la militarización y reforzar el control ideológico en un contexto de creciente malestar social.
Defensa simbólica, crisis real
El mensaje final insiste en que la defensa del país está garantizada gracias a ciudadanos “presentes” y disciplinados. Sin embargo, lo que queda expuesto es el contraste entre la épica militar promovida desde los medios oficiales y la vida real de millones de cubanos. Estos cubanos sobreviven sin perspectivas.
La historia del miliciano barbero sirve más para sostener el relato del régimen que para ocultar una verdad evidente. Cuba enfrenta una crisis profunda que no se resuelve con ejercicios ni consignas.