Marrero recurre a consignas bélicas después de que se viralizara el mensaje de Donald Trump sobre el fin del petróleo y el dinero hacia Cuba. En una publicación en la red social X, el primer ministro del régimen cubano evitó referirse a la crisis económica y energética del país. En cambio, optó por un discurso cargado de épica, amenazas veladas y referencias históricas.
En su mensaje, Manuel Marrero aseguró que lo que “siempre ha molestado” a Estados Unidos es la supuesta determinación soberana de Cuba. Mencionó que resisten sin doblegarse jamás. El dirigente volvió a culpar a factores externos mientras el país enfrenta apagones prolongados y escasez de combustible. Además, vive un deterioro acelerado de las condiciones de vida.
Retórica de resistencia en medio del colapso interno
Lejos de ofrecer explicaciones concretas sobre cómo el régimen planea sostener al país sin el respaldo energético externo, Marrero apeló al lenguaje de confrontación. En un segundo mensaje, afirmó que ante las amenazas responden “como Maceo”. Citó también una frase sobre sangre y muerte dirigida a quienes intenten “apoderarse de Cuba”.
Este tipo de discurso contrasta con la realidad cotidiana de los cubanos. Ellos lidian con inflación, transporte colapsado y falta de alimentos. Mientras el régimen habla de heroísmo y resistencia eterna, no presenta soluciones prácticas. La economía depende cada vez menos de consignas y más de recursos que ya no llegan.
Propaganda histórica y evasión de responsabilidades
El uso constante de referencias históricas y consignas patrióticas se ha convertido en una herramienta para desviar la atención del fracaso económico. Marrero evita responder al fondo del mensaje de Trump. Se limita a reforzar la narrativa oficial de asedio externo. Esta es una fórmula repetida que ya no convence a una población agotada.
La reacción del primer ministro confirma la línea del régimen: cerrar filas, escalar el tono y evitar cualquier autocrítica. En lugar de transparencia o planes concretos, el poder responde con propaganda, incluso cuando la crisis energética y social alcanza niveles insostenibles.