Marrero admite que el régimen debe cambiar cosas y perder el miedo a los cambios

El Marrero pide cambios dentro del aparato comunista en un momento en que el discurso oficial ya no logra ocultar el colapso económico del país. Durante una reunión del Consejo Provincial de Gobierno en Ciego de Ávila, el primer ministro reconoció que Cuba no puede seguir funcionando como hasta ahora y lanzó un mensaje directo a los cuadros del Partido Comunista.

El Marrero pide cambios al admitir que “no se puede actuar como si todo estuviera normal” y que ha llegado el momento de cambiar cosas dentro del propio sistema, una frase poco habitual en el lenguaje rígido del poder cubano.

Lejos de presentar medidas concretas, el llamado apunta a preparar ideológicamente a los dirigentes para un nuevo ciclo de ajustes.

“No podemos tener miedo a los cambios”

Manuel Marrero insistió en que el país vive “prácticamente una economía de guerra” y que el año 2026 estará marcado por transformaciones profundas. En ese contexto, afirmó que “si se quiere avanzar, hay que hacer las cosas diferentes y no tenerles miedo a los cambios”.

El mensaje sugiere que el régimen se dispone a modificar prácticas internas que ya no resultan sostenibles, aunque evita precisar si esos cambios implican reformas reales o simples reajustes administrativos.

Una vez más, el discurso coloca el peso de la transformación sobre los municipios y las estructuras locales, mientras el modelo centralizado permanece intacto.

Cambiar cosas sin cambiar el sistema

Cuando Marrero habla de perder el miedo a los cambios, no menciona libertades económicas, autonomía real para los territorios ni rendición de cuentas. El énfasis está puesto en la mentalidad de los cuadros, no en las reglas del juego que han provocado décadas de improductividad.

El planteamiento deja claro que el régimen busca adaptarse para sobrevivir, no transformarse para beneficiar a la población. Cambiar cosas, en este contexto, significa exigir más eficiencia sin tocar el control político absoluto.

Un mensaje que anticipa nuevos ajustes

El discurso de Marrero coincide con un momento de alta presión económica y política para La Habana. La pérdida de apoyos externos y la crisis interna obligan al Gobierno a preparar a su estructura para decisiones impopulares.

Aunque el primer ministro volvió a responsabilizar al embargo estadounidense, su reconocimiento implícito de que “hay que cambiar cosas” revela que el problema es interno y estructural.

Para la mayoría de los cubanos, estas declaraciones no generan esperanza, sino alerta. La experiencia indica que cada llamado a cambios termina traduciéndose en más sacrificios para el pueblo, no para quienes gobiernan.