Los jóvenes comunistas vuelven a ocupar pantalla en el noticiero del régimen para repetir consignas contra Estados Unidos y cerrar filas con el poder en Venezuela. La escena responde a un guion conocido: discursos épicos, referencias históricas forzadas y una narrativa de confrontación que ignora la realidad cotidiana de los cubanos.
En la pieza televisiva, una militante afirmó que “ellos no saben de lo que somos capaces” y llamó a “recordar Girón” como símbolo de una supuesta fortaleza nacional. El mensaje intenta proyectar firmeza frente a Estados Unidos mientras justifica la alianza con Venezuela y la defensa del poder político de Nicolás Maduro, todo desde un lenguaje beligerante y desconectado de las carencias que viven los jóvenes dentro de Cuba.
Girón como recurso propagandístico
El régimen utiliza Girón como comodín retórico para reforzar una identidad de resistencia permanente. Al invocar ese episodio, la propaganda busca legitimar un discurso de confrontación eterna y desviar la atención del presente. No se habla de salarios, apagones, migración juvenil ni falta de oportunidades. Se habla de “historia” y “sentir” como sustituto de respuestas reales.
Esta estrategia no es nueva. Cada crisis regional se presenta como una amenaza externa y cada crítica se transforma en agresión. Así, el mensaje se repite sin matices y se difunde como si representara a toda una generación.
Jóvenes usados como voceros del poder
El uso de jóvenes militantes no es casual. El régimen intenta proyectar apoyo generacional mientras silencia a estudiantes críticos y persigue a quienes protestan. La narrativa oficial contrasta con la emigración masiva de jóvenes cubanos y con el descontento creciente en universidades y barrios.
Mientras en televisión se habla de “resistir”, miles de jóvenes buscan salir del país o sobreviven con remesas. Esa contradicción explica por qué el discurso necesita elevar el tono y recurrir a amenazas simbólicas: no convence, pero intenta imponer.
Estados Unidos como enemigo útil
Se repite la acusación contra Estados Unidos como eje del conflicto. El régimen presenta cualquier tensión regional como una agresión directa y evita asumir responsabilidades internas. En paralelo, se protege a Venezuela y a su cúpula gobernante, pese a las denuncias internacionales y la crisis humanitaria.
La fórmula es clara: enemigo externo, épica histórica y silencio sobre el presente. El resultado es un mensaje propagandístico que no conecta con la vida real de la mayoría de los jóvenes cubanos.