Cuando Israel Rojas, líder del grupo Buena Fe, habla, muchos cubanos entienden rápido el subtexto. No es solo un trovador opinando en redes. Es una de las voces más visibles del comunismo cultural cubano, alguien que durante años puso música, prestigio artístico y épica sentimental al discurso del régimen.
Su reciente publicación lo confirma. Israel Rojas aseguró que no luchará ni dará su sangre por un presidente, por un secretario general de ningún partido político, ni por “un venerable anciano, su hijo o nieto, ni por su familia”. Remató diciendo que nunca ha luchado por un ser humano en particular, sino por una “Cuba soberana”, y que seguirá luchando contra el “fascismo y el imperialismo”.

El mensaje pretende sonar valiente, pero es profundamente tramposo.
Israel Rojas no rompe con el comunismo. Solo intenta lavar la lealtad, cambiar el destinatario del sacrificio y salvar la ideología sacrificando nombres propios. No muere por líderes, pero muere —según él— por el mismo sistema que convirtió a esos líderes en intocables durante décadas.
No muere por presidentes, pero defiende el comunismo
Decir que no se lucha por personas es fácil cuando nunca se ha cuestionado el poder real. Israel Rojas evita cuidadosamente cualquier crítica al Partido Comunista, a la estructura represiva del Estado o al modelo económico que mantiene a Cuba en ruinas. No menciona presos políticos. No menciona exilio. No menciona censura. No menciona hambre.
En su lugar, recicla el manual ideológico: “Cuba soberana”, “imperialismo”, “fascismo”. Las mismas palabras que el régimen ha usado para justificar la represión, el control absoluto y la falta de libertades. Cambia el tono, pero no cambia el guion.
Buena Fe y la memoria que no se borra
Para el público cubano, mencionar Buena Fe no es inocente. El grupo fue durante años una banda sonora del oficialismo, con presencia en actos, giras protegidas y un espacio mediático negado a cualquier artista crítico. Israel Rojas no habla desde la marginalidad ni desde la censura, sino desde el privilegio que otorga la fidelidad ideológica.
Por eso su frase no suena rebelde. Suena oportunista. Suena a alguien que percibe el desgaste de los apellidos del poder y decide tomar distancia simbólica sin pagar el precio de una ruptura real.
El comunista que nunca se equivoca
Israel Rojas afirma que lucha contra el fascismo y el imperialismo, pero nunca contra el totalitarismo que conoce de primera mano. Su patriotismo es selectivo. Su valentía es retórica. Su rebeldía es segura, sin consecuencias, sin riesgos, sin enemigos internos.
No muere por un anciano ni por su familia, pero sí defiende el sistema que los hizo intocables, ricos y perpetuos. Esa es la verdadera coherencia de su mensaje.
Para muchos cubanos, el texto no revela a un artista libre, sino a un comunista incómodo con los rostros del poder, pero fiel al poder mismo.