Inteligencia epidemia Cuba: el discurso oficial choca con el colapso sanitario

La frase “enfrentar la epidemia con inteligencia”, usada por Miguel Díaz-Canel en una reunión del Consejo de Defensa Nacional, contrasta con la falta de control vectorial. Además, hay escasez de personal y el crecimiento sostenido de los contagios en la Isla. Mientras el gobernante insiste en una salida “inteligente” a la crisis, la realidad epidemiológica muestra hospitales saturados y demoras en diagnósticos. También, más de un centenar de personas están en terapia intensiva.

El encuentro de esta semana evidenció la distancia entre el discurso oficial y la situación en provincias. No logran cumplir los planes de fumigación por falta de fuerza laboral. Según datos presentados por las autoridades, se reportaron 7.713 nuevos enfermos en solo siete días. De estos, 7.576 permanecen en la categoría de “sospechosos” por la escasez de pruebas PCR. La acumulación supera los 32.600 casos de chikungunya. Sin embargo, expertos advierten que las cifras reales pueden ser mayores debido al subregistro.

En paralelo, el sistema de vigilancia epidemiológica continúa operando con retrasos. Esto obliga a miles de enfermos a mantenerse en sus casas sin seguimiento adecuado. Las familias denuncian falta de medicamentos y ausencia de transporte sanitario. Además, hay demoras incluso para clasificar los casos graves.

La “inteligencia” oficial no detiene el alza de contagios ni el deterioro hospitalario

El segundo mensaje insistente del Gobierno fue reforzar la vigilancia antivectorial en “todos los escenarios posibles”. Sin embargo, la transmisión activa de chikungunya y dengue abarca 14 provincias y 100 municipios. El propio MINSAP reconoció que no se cumplió el plan de control focal, especialmente en La Habana y Camagüey, por falta de brigadas y recursos.

La epidemia golpea con especial fuerza a los menores de edad: 105 personas se encuentran en terapia intensiva y 70 de ellos son menores de 18 años. Neonatólogos alertan que, en bebés y niños pequeños, la mortalidad puede alcanzar hasta un 10%. También, hay secuelas neurológicas duraderas en uno de cada cinco casos.

Mientras la prensa estatal repite el llamado a actuar “con inteligencia”, persisten vacíos fundamentales. No hay insecticidas suficientes y las brigadas de fumigación trabajan de forma irregular. Además, los laboratorios carecen de capacidad y la información oficial llega fragmentada. Provincias como Pinar del Río registran aumentos significativos de dengue sin un plan creíble para detener el brote.

A la población no se le explica cómo se aplicará esa “inteligencia” prometida. No hay claridad sobre refuerzos, recursos o estrategias reales más allá de consignas. En un país donde el mosquito prolifera, el personal sanitario es insuficiente. Los hospitales operan al límite. La pregunta persiste: ¿puede una epidemia detenerse solo con discursos?