El director de la Unión Eléctrica de Cuba (UNE) provocó indignación nacional al hablar en el noticiero sobre los apagones que afectan a la población. En su intento de mostrarse empático, terminó dejando claro —aunque sin decirlo directamente— que a él no se le va la corriente.
Durante su intervención dijo: “Consideramos grave el problema del apagón, pero pueden estar seguros que nuestros compañeros están combatiendo, que están trabajando, que están luchando, incluso en condiciones difíciles, porque ellos mismos también están sometidos a esas mismas condiciones extremas en sus casas por las noches y al otro día van para ahí a trabajar”.
El uso de “ellos” en lugar de “nosotros” lo delató. Habló de los trabajadores de la empresa como si fueran un grupo aparte, dejando entrever que él no forma parte de los que pasan la noche sin luz. En un país donde millones de cubanos viven entre apagones diarios, su comentario fue visto como una confesión de privilegio.
Un país a oscuras y una cúpula con luz garantizada
Mientras el pueblo enfrenta cortes de más de 10 horas y un déficit eléctrico que supera los 1.400 MW, las viviendas de los altos cargos, las sedes del Partido Comunista y los hoteles turísticos mantienen suministro constante.
Las redes sociales estallaron tras la transmisión. Muchos calificaron las palabras del funcionario como “una burla” y “una muestra más de la desconexión total del poder con el pueblo”.
El gobierno, lejos de asumir responsabilidades, sigue culpando a factores externos, sin revelar cómo se distribuye el combustible ni quién decide qué circuitos se salvan de los apagones. En Cuba, la corriente se va donde vive el pueblo, pero nunca donde vive el poder.