Díaz-Canel llama cobardes a militares de Estados Unidos mientras el régimen cubano intenta convertir una derrota política y militar en un acto de propaganda interna. La reacción oficial llegó tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela y la muerte de 32 escoltas cubanos, un hecho que La Habana negó durante años y que ahora admite de forma forzada.
El discurso del gobernante cubano busca desviar la atención del verdadero escándalo: la implicación directa de Cuba en la seguridad del chavismo y el costo humano de una alianza sostenida en secreto. Mientras el régimen organiza homenajes, decenas de familias enfrentan el duelo por una misión que oficialmente “no existía”.
Un discurso agresivo para encubrir una derrota
En un mensaje difundido en la red social X, Miguel Díaz-Canel calificó de “cobardes e ilegales” a los militares estadounidenses que participaron en la operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro.
El lenguaje beligerante contrasta con los hechos. La operación fue ejecutada por la Delta Force, una de las unidades más especializadas del mundo, y contó con autorización directa del presidente Donald Trump.
Pese a la retórica oficial, el resultado fue claro: el régimen venezolano perdió a su principal figura y Cuba quedó expuesta como actor activo en su aparato de seguridad.
La admisión forzada de la presencia militar cubana
Durante años, La Habana negó la presencia de militares cubanos protegiendo al chavismo. Sin embargo, tras el operativo, el diario Granma reconoció que los 32 fallecidos cumplían “misiones” de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior en Venezuela.
Esta admisión marca un punto de quiebre. Confirma que Cuba no solo asesoraba, sino que participaba directamente en la seguridad del poder venezolano. El costo humano de esa alianza vuelve a recaer sobre ciudadanos cubanos enviados al exterior sin transparencia ni control público.
Homenajes oficiales y propaganda interna
El régimen anunció un amplio programa de homenajes los días 15 y 16 de enero. Las ceremonias incluyen traslado de restos, actos masivos, consignas de “Honor y Gloria” y la llamada “Marcha del Pueblo Combatiente”.
El despliegue busca construir un relato épico que oculte la realidad. No se trata de una gesta heroica, sino de una operación fallida que dejó al descubierto una alianza política sostenida a costa de vidas cubanas.
Mientras se organizan actos solemnes, la población enfrenta escasez, apagones y un colapso general de los servicios básicos. La distancia entre la propaganda oficial y la vida cotidiana vuelve a quedar en evidencia.
El costo humano de una alianza que el régimen ocultó
Más allá del discurso de confrontación, quedan 32 familias marcadas por la pérdida. Hombres que murieron lejos de casa, en una misión negada públicamente durante años y sostenida por intereses políticos ajenos a la población cubana.
Díaz-Canel llama cobardes a militares de Estados Unidos, pero evita explicar por qué soldados cubanos estaban protegiendo a un régimen extranjero mientras Cuba atraviesa una de sus peores crisis sociales y económicas.