La cúpula dictatorial cubana volvió a recurrir a la propaganda este domingo, con una jornada de “higienización” frente al Palacio de la Revolución. Las imágenes oficiales mostraron a Miguel Díaz-Canel, Manuel Marrero Cruz, Roberto Morales Ojeda y otros altos dirigentes barriendo el área donde trabajan, mientras La Habana sigue cubierta de basura, calles rotas y aguas albañales.

Según el reporte de Radio Rebelde, el propio Díaz-Canel convocó a “sacudirse la pasividad” y a “proponerse hacer el bien por su ciudad”. Sin embargo, el llamado llega en medio del colapso de los servicios comunales, la falta de combustible y los constantes apagones que impiden cualquier gestión sostenida. La capital enfrenta una de sus peores crisis sanitarias y económicas, y la jornada —más que resolver problemas— parece diseñada para lavar la imagen del poder.

Vecinos consultados por medios independientes señalan que las limpiezas solo alcanzan los lugares donde se programan las fotos oficiales, mientras la basura se acumula a pocos metros. En los municipios periféricos, los vertederos improvisados y la proliferación de mosquitos reflejan el abandono estatal y la corrupción de los gobiernos locales.
Propaganda y control tras las protestas en la capital
La cúpula dictatorial busca distraer la atención del creciente descontento popular, especialmente después de las protestas en barrios habaneros por apagones, escasez de agua y alimentos. Fuentes del Partido Comunista confirmaron que las estructuras provinciales recibieron órdenes de “movilización” y de “sostener la disciplina”, mientras se advertía a la población de “consecuencias” ante nuevos actos de inconformidad.
En su declaración final, Díaz-Canel reconoció que “no todos acudieron” y pidió “sostener la tarea si todos trabajamos así”, un mensaje que ignora la precariedad en que viven los ciudadanos y la imposibilidad material de cumplir sus “convocatorias voluntarias”. El régimen, incapaz de garantizar servicios básicos, apela una vez más al teatro político para simular gestión.
Las escobas del poder no limpian la realidad: un país hundido en basura, hambre y represión, donde las cámaras del sistema informativo solo barren la verdad.
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