La crisis epidemiológica Cuba avanza con más de 31,000 casos sospechosos y hospitales desbordados, pero el mensaje oficial insiste en pedir “calma y ecuanimidad”. El especialista del IPK, Osvaldo Castro Peraza, declaró en televisión nacional que la epidemia “va a pasar” y que pronto será “historia para contar”, palabras que irritaron a familias con enfermos postrados y niños ingresados en cuidados intensivos. Su llamado, pronunciado sin ofrecer información transparente sobre la magnitud del brote, se aleja del panorama que describen médicos y residentes en varias provincias.
El MINSAP reconoce que hay 95 pacientes en terapia intensiva, incluidos 63 menores de 18 años en estado grave. La carga recae especialmente sobre niños y adultos mayores, dentro de un sistema sanitario sin recursos. Las salas muestran déficit de insumos básicos, analgésicos en falta y demoras en la atención. Aun así, el pedido de serenidad intenta transmitir estabilidad mientras la crisis epidemiológica Cuba continúa escalando.
Un mensaje que minimiza el impacto real de la epidemia
Castro Peraza admitió que el brote es “importante” y comparable al vivido en Brasil y Colombia, donde el virus afectó a poblaciones enteras. Explicó que Cuba era “virgen” ante el chikungunya y que, a diferencia del dengue, casi todos los infectados desarrollan síntomas. La crisis epidemiológica en Cuba lleva también a complicaciones severas: meningoencefalitis, miocarditis, arritmias, fallas de órganos y lesiones en la piel similares a quemaduras. Pese a esta gravedad, aseguró que en tres meses “la mayoría va a mejorar” y que “vamos a tener un fin de año”.
Sin embargo, estos mensajes contrastan con lo que viven miles de cubanos. Los primeros días de la enfermedad son incapacitantes, y muchas familias completas quedan postradas sin poder cocinar o realizar actividades básicas. En zonas de La Habana, Santiago y Villa Clara, ciudadanos optan por no acudir al hospital debido a la falta de insumos, colas interminables y desconfianza acumulada. El propio MINSAP reconoció que brigadas de fumigación no operan por falta de personal o equipos, lo que agrava la expansión del mosquito.
Mientras las autoridades llaman a la calma, no publican partes epidemiológicos detallados ni cifras verificables. La crisis epidemiológica en Cuba progresa, y la población continúa sin respuestas sobre recursos disponibles, zonas más afectadas o protocolo de atención. La epidemia avanza, las terapias intensivas se llenan y las familias quedan a la espera de una guía que aún no existe.