Díaz-Canel habla de un país “en guerra” y teme un estallido social este verano

Miguel Díaz-Canel cerró el X Pleno del Comité Central del Partido Comunista con una advertencia que suena más a confesión que a estrategia: “Somos un país en guerra”. No lo dijo como metáfora, sino como justificación a la crisis que asfixia a los cubanos día tras día, mientras la inflación se dispara, la escasez se vuelve crónica y los apagones marcan la rutina de millones.

Desde el Palacio de la Revolución, el gobernante cubano recurrió al viejo guion de culpar a Estados Unidos de todos los males internos. Aseguró que Cuba vive desde hace más de 60 años bajo una “guerra” compuesta por “bombas económicas” y “bombas de desinformación y odio”, cuyo propósito —según él— es quebrar la nación desde dentro.

No obstante, fue más allá: Díaz-Canel alertó que Washington quiere provocar un estallido social durante los próximos meses de verano. A su juicio, el “imperio” apuesta por una crisis política que detone protestas masivas, similares a las del 11J, que pongan en jaque al sistema comunista.

Mientras tanto, el pueblo cubano apenas sobrevive entre salarios que no alcanzan, servicios colapsados, un sistema eléctrico al borde del abismo y la migración convertida en válvula de escape.

La “resistencia inteligente” y el control interno

Díaz-Canel repitió más de diez veces la palabra “resistencia”, pero esta vez quiso aderezarla con el término “inteligente”. Habló de encontrar soluciones “con creatividad y coraje”, aunque sin ofrecer cifras ni plazos concretos que sostengan sus promesas.

También volvió a poner el foco en la ideología. Insistió en la “formación patriótica y revolucionaria” de los jóvenes, a quienes llama a ser protagonistas de los procesos que, dice, garantizarán el sostenimiento del país. Y como es habitual, se escudó en el Partido, al anunciar el IX Congreso del PCC como un nuevo episodio de “resistencia heroica”.

En su discurso, el gobernante cubano no dejó de prometer mano dura contra la corrupción, la indisciplina y el consumo de drogas. Pero en las calles la realidad es otra: el delito crece, la violencia se normaliza y las instituciones muestran cada vez menos capacidad para garantizar seguridad o justicia.

Mientras el régimen insiste en que todo es culpa del “enemigo externo”, la mayoría de los cubanos tienen claro que sus problemas nacen del mismo modelo comunista que Díaz-Canel se empeña en sostener.