La contaminación en Moa se ha convertido en un infierno para cientos de familias en Holguín. El polvo negro del níquel y el cobalto cubre techos, muebles y pulmones, mientras el régimen cubano sigue llenando sus arcas exportando metales a costa de la salud del pueblo.
Una mujer relató con miedo: “Limpias la casa y enseguida vuelve a ensuciarse. Lo que sale de tu garganta es negro. Es como si respiráramos veneno todo el tiempo”. Muchos temen dar sus nombres por miedo a represalias. Saben bien que en Cuba quejarse puede costar caro.
Negocios millonarios del régimen y socios extranjeros
La causa principal de esta contaminación en Moa está en las plantas Pedro Soto Alba y Ernesto Che Guevara, operadas por Moa Nickel S.A., una empresa mixta entre el régimen cubano y la canadiense Sherritt. Desde los años 50, el níquel ha sido un recurso que el Partido Comunista exprime sin preocuparse por el costo humano.
Aunque estas fábricas presumen de “altos estándares de seguridad y calidad”, los vecinos viven otra realidad. Moa está bajo una nube tóxica permanente, los casos de problemas respiratorios aumentan y el piso de cada hogar está siempre cubierto por una capa oscura. Es un ecocidio silencioso que enferma lentamente a toda la comunidad.
Silencio oficial mientras el pueblo paga con su salud
Mientras tanto, las autoridades locales mantienen un silencio cómplice. No hay programas de salud específicos ni campañas serias para mitigar la contaminación. Los vecinos repiten una y otra vez: “Nos están matando lentamente”. Sin embargo, al régimen cubano solo parece importarle continuar exportando níquel y cobalto, aunque sea a costa del bienestar de su propio pueblo.