El propio Miguel Díaz-Canel reconoció este domingo que la recogida de basura en La Habana no tiene un plan sostenible. El gobernante encabezó una jornada de limpieza junto a Manuel Marrero y otros funcionarios, rodeados de cámaras y propaganda, mientras la ciudad sigue hundida en desechos.
Una limpieza improvisada sin estrategia real
Según Díaz-Canel, “la gente ya vio una reacción”, pero admitió que no hay cómo sostenerla. El régimen movilizó trabajadores estatales, policías y reclutas para limpiar zonas cercanas al Palacio de la Revolución, en un intento por mostrar eficiencia, aunque la acumulación de basura persiste en toda la capital.
La situación se repite en provincias donde el problema se agrava por falta de combustible, piezas y planificación. Pese a años de denuncias ciudadanas, el gobierno insiste en convocar jornadas simbólicas en lugar de crear un sistema estable de gestión de residuos.

La Habana, espejo del colapso sanitario nacional
El deterioro higiénico alcanza niveles alarmantes. Cuando llueve, los desechos inundan calles, hospitales y escuelas. En septiembre, el propio ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Armando Rodríguez Batista, alertó que “la basura está regada por toda La Habana” y calificó el desastre como un problema “sanitario, ambiental y social”.
Mientras tanto, Díaz-Canel apeló al sacrificio colectivo: “Lo vamos a sostener si todos trabajamos”, dijo, responsabilizando nuevamente a la población en lugar de ofrecer un plan estatal. La capital, que debería reflejar el orden institucional, se ha convertido en símbolo del abandono y la desidia.
Propaganda y maquillaje en medio del hedor
El operativo de limpieza fue presentado por los medios oficiales como “un gesto de compromiso”, pero los habaneros lo vieron como una escenificación. Sin recursos ni transporte, los trabajadores enfrentan un sistema que prefiere el espectáculo a la gestión. El régimen sigue sin reconocer la magnitud de la crisis sanitaria que amenaza a millones de cubanos.