La actualización ciclón Melissa llegó acompañada de algo más que viento y lluvia: un recordatorio brutal de cuán indefenso está el pueblo cubano ante cualquier emergencia. El huracán, que ya alcanza categoría 2 con vientos de más de 160 km/h, avanza hacia el oriente del país con pronóstico de intensificación.

Según el Centro Nacional de Huracanes (NHC), Melissa podría tocar territorio cubano entre el lunes y martes, afectando principalmente a Santiago de Cuba, Guantánamo y Holguín con lluvias torrenciales, marejadas ciclónicas y deslizamientos de tierra. Pero mientras el fenómeno natural se organiza con precisión, el aparato estatal vuelve a actuar con su ya habitual improvisación.
La Defensa Civil emitió una “fase de alerta ciclónica”, pero sin cifras de evacuados ni detalles sobre albergues. En cambio, los noticieros estatales se enfocaron en mostrar a dirigentes “supervisando” y a estudiantes limpiando zanjas, en lugar de ofrecer información útil o actualizada. Es el guion de siempre: propaganda en lugar de prevención.
Un país sin energía ni confianza
La actualización ciclón Melissa encuentra a Cuba en su punto más débil. El sistema eléctrico nacional sufre colapsos diarios; los hospitales carecen de combustible para las plantas eléctricas; y las telecomunicaciones, como en cada tormenta, están al borde del corte. En muchas zonas rurales del oriente, los vecinos dependen de velas y agua de lluvia para sobrevivir, mientras el gobierno guarda silencio sobre las reservas y planes reales de emergencia.
Las redes sociales —única fuente informativa independiente— muestran techos derrumbados, calles anegadas y colas en gasolineras vacías. La indignación crece ante la falta de transparencia oficial. Para muchos, el huracán no es el enemigo principal: lo es un Estado incapaz de garantizar ni siquiera la seguridad mínima de sus ciudadanos.
Cuando el discurso no detiene la tormenta
El régimen insiste en apelar al heroísmo del pueblo, pero tras cada huracán los daños se repiten y la reconstrucción nunca llega. Miles de familias aún esperan las ayudas prometidas tras Ian, Elsa o Laura. Ahora, con Melissa en camino, la historia amenaza con repetirse: discursos desde La Habana, ruinas en el oriente y silencio en los despachos.
La actualización ciclón Melissa no solo anuncia una tormenta: anuncia el colapso previsible de un sistema que no aprende, no escucha y no rinde cuentas.